Sunday, June 26, 2011

La Solemnidad del Santisimo Cuerpo y Sangre de Cristo, 26 de junio 2011

(Deut 8, 2-3, 14b-16a; Cor 10, 16-17; Jn 6, 51-58)


Celebramos hoy la fiesta que celebramos todos los domingos, porque la eucaristia es el centro de nuestra vida y la vida de todos los fieles Cristianos. Pero hoy las lecturas, la reflexión, la oración y toda la fiesta se centran en el Santísimo Cuerpo y la Sangre de Cristo, signo de un amor sin límites. A tanto llega el amor de Cristo, que ha querido quedarse con nosotros, hacerse alimento para nosotros y actualizar Su misterio pascual. El Padre eterno, ha hecho visible Su amor en Su Hijo Jesucristo enviándolo como nuestro Salvador aunque fuimos pecadores.

Hoy también es el Dia de Caridad, porque no se puede celebrar la mayor entrega del Señor sin que sintamos la necesidad de integrarnos también nosotros a los hermanos, de compartir lo que tenemos con los hermanos y de vivir en una creciente actitud de servicio.

Por esta gran bendición y privilegio de recibir el Cuerpo y la Sangre de Jesucristo en la Santa Comunión le damos gracias a Dios Padre y le pedimos Su auxilio en prepararnos mejor nuestra alma y corazón, en recibirlo con mas atención, reverencia, devoción y amor y en recibiéndolo mas frequentamente para el bien nuestro y bien de los demás.

Porque al recibir a Jesucristo en la Santa Comunión llegamos por Ella a un encuentro con Cristo en la nueva vida de Su resurrección – a un encuentro con Cristo resucitado – y en una manera maravillosa tocamos, pues, como, el Apóstol, Santo Tomas las llagas gloriosas en Sus manos y costado que nos comunican nueva vida y nos sanan y curan nuestras heridas en nuestra relación con Dios, con los demás, con nosotros mismos, nos dan ya desde este mundo un compartir en los dones de Su resurrección. Por Sus santas llagas fuimos curados, dice San Pedro.

En este encuentro con Cristo resucitado en el Santísimo Sacramento, no solamente nos colma de Sus bienes y amor sin limites, nos enseña y nos da poder a amar como El nos ama y se nos entrega a si mismo como nuestro alimento para la vida eterna en un pedazo de pan, se humilla para llegar a nosotros para transformarnos en nuevas criaturas y levantarnos en Su vida divina. Que divina humildad!, Que amor misericordioso! Que ejemplo nos da en dando el don de si mismo, enseñándonos por Su ejemplo y Su humildad como debemos amar a los unos y a los otros, como El nos ha amado y se nos ha entregado Su vida por nuestra salvación y redención. En esta manera Dios esta glorificado y Su amor misericordioso es manifestado y extendido por todo el mundo.

Uno de los días más hermosos en nuestra vida tiene que ser el DIA de nuestra Primera Comunión. Es un dia bien alegre en que recibimos por la primera vez el Cuerpo y Sangre de Cristo, Nuestro Señor. Ya hemos comenzado a vivir como hijos de Dios por el Bautismo y ser miembros de la familia de Dios. Ahora en la Primera Comunión Dios Nuestro Padre nos da el don mas precioso en todo Su creación, que El pueda compartir con nosotros Sus hijos adoptivos: El preciosísimo Cuerpo y Sangre de Su Hijo Jesucristo - el pan del cielo, el alimento espiritual, que nos hace crecer en la vida divina y que nos hace crecer como el Nino Jesús - en sabiduría, gracia y edad, delante de Dios y de los hombres. Sin este alimento espiritual no podemos crecer en la plenitud de la vida de verdaderos hombres y mujeres en Cristo y madurar en Su vida. Quedamos como niños o peor, esta vida se muera en nuestras almas y corazones por la falta de ser alimentada por la Eucaristía y la Santa Comunión.

Como nuestros padres nos dan comida en la casa para que podamos crecer, ser fuertes y no nos enfermemos, nuestro Padre del cielo nos alimenta con el pan de los Ángeles, el Pan Eucarístico, el Santísimo Sacramento para que podamos crecer en la vida espiritual y en la vida de Su Hijo Jesucristo y que seamos fuertes contra los peligros y las enfermedades espirituales y que nos hacen daño a nosotros y a nuestra fe y amor de Dios. Como necesitamos pan de cada dia para mantenernos en la salud física, necesitamos el alimento de la Eucaristía y comunión para mantenernos fuertes en el espíritu y gozosos y alegres en el vivir de nuestra fe y amor de Dios y para realizar las obras maravillosas que nuestro Padre nos encomienda por Su honor y gloria y la salvación del hombre.

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No hay una persona y modelo mas grande que la Virgen Santísima en adorando, amando y ofreciendo su vida al Santísimo Sacramento en el servicio de la Iglesia y los demás en sus grandes necesidades. Como Madre de la Eucaristía y Madre nuestro nos ayuda a preparar nuestra alma y corazón a recibir Jesucristo en la Santa Comunión y prepararnos con oración humilde, gratitud amorosa, reverencia y devoción y para abrir nuestras almas y corazones a Su divina presencia y amistad. Como nuestro modelo nos ayuda también a guardar la divina presencia de Cristo en nuestras almas, de comunión a comunión y tener hambre de Cristo el Pan verdadero, adorar al Santísimo Sacramento en el espíritu y la verdad.

Como hijos de Dios y hijos de la Virgen María pedimos su intersesion maternal para todas las necesidades espirituales y materiales de los mas necesitados y pobres y obramos con ella, en la misma caridad, para servirles. Que nuestras vidas sean tambien una accion de gracias por todo lo que hemos recibido por el amor misericordioso del Señor y que seamos, en servicio generoso y personal, el Cuerpo de Cristo, en el mundo de hoy, bendecido, sacrificado, partido y ofrecido a los demás para aliviar sus necesidades y ser también alimento espiritual para su vida y felicidad eternas. Te lo pedimos por Jesucristo nuestro Señor!

Saturday, June 18, 2011

La Solemnidad de la Santisima Trinidad, 19 de junio 2011

(Ex 34, 4-6, 8-9; 2Cor 13, 11-13; Jn 3, 16-18)

Hoy celebramos el gran misterio y verdad de nuestra fe Católica, la Solemnidad de la Santísima Trinidad - Dios es uno y trino, Padre, Hijo, Espíritu Santo, Tres Personas Distintas y Divinas en un solo Ser y una sola Substancia, igual en dignidad, majestad, poder y gloria.

Jesucristo Nuestro Señor, el único Hijo del Padre nos ha revelado este gran misterio por Sus santas palabras y El mismo nos ha enviado a bautizar y enseñar en el nombre del Padre, Hijo y Espíritu Santo.

En la gran profesión de fe, el Credo, anunciamos y profesamos nuestra fe en la Santísima Trinidad. Creemos que Dios Padre es nuestro único y verdadero Padre y Creador de todo el universo, que El Hijo de Dios, Jesucristo el Señor es verdadero Dios y verdadero Hombre, Redentor y Salvador de todos los hombres, y que el Espíritu Santo es el Divino Amor, Vivificador, Santificador y Consolador. Las tres Personas Divinas forman una comunidad y comunión de Amor, de Vida y de Felicidad y nos ha creado destinados y ordenados para compartir en esta misma divina comunión por toda la eternidad. - como dice en el catecismo - fuimos creados para conocer, amar y servir a Dios en este mundo y estar con El en la eterna felicidad en la vida venidera.

En este día, pues, renovamos nuestra fe en el misterio de Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo y renovamos también nuestro compromiso de ser y vivir como Sus hijos y hijas adoptivos y pedimos de todo corazón para nosotros y para los demás, especialmente nuestras propias familiares, la gracia de ser fieles y dignos de alcanzar todas las promesas que Dios nos ha dado por Su hijo Jesucristo.

Conocer, amar y servir a la Santísima Trinidad es lo que nos hablan las lecturas de este domingo. Moisés deseaba ardientemente conocer a Dios No tenia otro deseo que acercarse a Dios; por eso sube una y otra vez al monte. Y sube con la ley en sus manos que quiere decir que esta siempre abierto a Su palabra, que escucha y guarda la palabra. Pero si Moisés anhela conocer al Señor, Dios anhela también darse a conocer a Moisés; si Moisés sube al monte, Dios baja en la nube "y se quedo con el allí" Cabe mayor amistad? La cercanía produce confianza y conocimiento. Moisés empieza a conocer el Señor como es: compasivo y misericordioso...rico en bondad y fidelidad.

La segunda lectura, por San Pablo, el misterio de la Trinidad se revela aun más: es el "Dios del amor y de la paz," es el Dios de la comunión que "esta siempre con nosotros."
Pero no es suficiente conocer la Trinidad, sino que hay que tratar de vivir de acuerdo con ella. Vivir según la Trinidad es tener un mismo sentir" es procurar siempre la paz, promover la comunión, superarse constantemente en un generoso servicio a los demás y a la Santísima Trinidad.

En el Evangelio, La Santísima Trinidad nos da la prueba más grande de Su amor.
Hace visible este amor, entregando y enviando Su único Hijo Jesucristo para que "nadie perezca", no para condenar al mundo, sino para salvar y llenarlo todo con vida. Imitando la Santísima Trinidad, tenemos nosotros, también, hacer visible nuestro amor en el vivir de nuestra fe y en nuestras buenas obras.

Y este misterio de la Santísima Trinidad que no se puede ser contenido o encerrado en todo el universo quiere habitar en cada persona en cada alma como en un templo para resplandecerse en nuestra vida y radiarse a todo el mundo y a todos los hombres. Para conocer este misterio de Dios, es conocernos a nosotros mismos porque somos creados en Su imagen y semejanza. Cada persona es un misterio en que habita la presencia de Dios, y como Moisés en su deseo a conocer al Señor, en este encuentro maravilloso en la montana, Dios mismo vino a su encuentro para darse conocer a Moisés. Lo mismo con nosotros. Cuando anhelamos a conocer al Señor y Su amor por nosotros en nuestra vida y lo buscamos, así, El viene a nuestro encuentro para revelarse y compartir, la gracia y amistad de Su divina presencia.

Nuestra Madre Santísima, la Virgen Maria, nos enseña en su vida, y por su ejemplo de entrega total, como conocer, amar y servir al Señor mejor y llegar y vivir en comunión con El. Como hija perfecta del Padre, madre de Jesucristo y esposa del Espíritu Santo, la Virgen Maria nos enseña como relacionarnos como ella con las Divinas Personas, y conocer el Padre en Su gran bondad, misericordia y generosidad, y ser verdaderos hijos y hijas; conocer el Hijo de Dios hecho hombre, nuestro Señor, Salvador y Redentor, y ser Sus fieles discípulos y hermanos; conocer el Espíritu Santo como fuente de vida, amor y comunión y ser templos vivos que manifiestan Su gloria y realizan obras grandes y maravillosas por el poder de Su amor.

En celebrando hoy la Solemnidad de la Santísima Trinidad, imitemos pues a la Virgen Maria en conocer, amar, y servir al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, con todo el corazón y llegar a vivir en comunión con Su amor y vida. Y que sean realizadas en nuestras vidas esas mismas palabras de Maria en su Magnificad:

"Mi alma glorifica al Señor, mi espíritu se alegra en Dios mi Salvador, porque ha puesto los ojos en la humildad de Su sierva y desde ahora me felicitaran todas las generaciones, porque el Todopoderoso ha hecho obras grandes en mi, Su nombre es Santo." (Lc 1, 46f)

Saturday, June 11, 2011

La Solemnidad de Pentecostes, 12 de junio 2011

( Lect. Hch 2, 1-11; Cor 12, 3-7,12-13; Jn 20,19-23)

Hoy celebramos la venida del Espíritu Santo sobre los Apóstoles y
Discípulos de Cristo reunidos con la Virgen Santísima María en el Cenáculo. Bajo´ sobre cada uno en la forma de lenguas de fuego para significar que fueron iluminados e inspirados con el fuego de la Luz y Amor Divinos.

Más que nunca, necesitamos la manifestacion y revelación del Espíritu Santo en la vida de los Cristianos. Si El habita en el corazon y en alma de los que creen en Cristo, como dice San Pablo, entonces, en vez de esconder Su presencia y Sus dones y Sus obras maravillosas, tenemos manifestarlo y revelarlo en nuestras vidas, mas y mas, en nuestras acciones, ejempos y palabras. Porque El derrama y nos confiere los mismos favores en la Iglesia, hoy, como derramo y confierio sobre la Iglesia en el tiempo de los apostoles. Celebramos la Solemnidad de Pentecostes para recordar esta venida del Espiritu Santo y renovarnos en Su presencia y amor y en Sus dones divinos, que todos nosotros ya hemos recibido en la Confirmacion y que seamos testigos y mensajeros valientes de la buena noticia de salvacion, revelando asi la luz y el amor, la unidad y la paz, y las obras maravillosas de nuestro Senor, Jesucristo, en el mundo de hoy!

La Virgen Santísima, como Madre de la Iglesia y Madre nuestra nos guía y
nos ayuda en la obra del Espíritu Santo en nuestras vidas como ella
acompañaba los apóstoles y discípulos con sus oraciones y presencia
maternal, esperando la venida del Espíritu Santo. Ella misma concebio el
Hijo de Dios por obra del Espíritu Santo y fue cubierta con Su poder el día de Pentecostés. Como nuestro modelo y maestra ella nos enseña a conocer, amar y servir el Espiritu Santo, ser atentos a Sus inspiraciones y presencia en nuestra alma y corazon, ser guiados por la luz de Su verdad y comprometidos en el cumplir de la voluntad del Padre.

Quien es el Espíritu Santo y que es Su obra en nuestra vida? El Espíritu Santo es Dios, la tercera persona divina en el misterio de la Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, igual en dignidad, majestad, gloria y poder. El es el Amor del Padre por Su Hijo y el Hijo por Su Padre que los une en una unión de Vida. El es el Fuego Divino que enciende, ilumine y consume todo lo que no es de Dios en nuestra vida. Nos purifica y nos eleva a una existencia nueva y una union con Dios mismo. Se llama también, Luz Divina, Paráclito, Consolador, Santificador, Padre de los pobres, Abogado, Huésped del alma, Brisa suave, Fuerza invencible.

Que es la divina actividad del Espíritu Santo en nuestra vida?
Primeramente nos ilumina en lo más profundo de nuestro interior, en nuestra consciencia. Con la luz de la verdad, nos enseña lo que es bueno y lo que es malo, escoger lo bueno y evitar lo malo, y lo que le agrada al Señor y lo que no le agrada. Nos lleva un camino recto, gozoso, pacifico
y amoroso en el cumplir de los mandamientos de Señor y en realizar en nuestra vida Su plan para nuestra salvación. Nos revela a nosotros que somos creados en la dignidad y imagen y semejanza de Dios y como vivir asi.

( - en el conocernos a nosotros mismos; en la capacidad de comunicarnos; en poner y realizar metas en nuestra vida; en haciendo visible nuestro amor; en los dones que Dios nos ha concedido para el bien nuestro y los demás; en el destino y nuestra ordenación a la felicidad y vida eterna; y en ser comunidad y una familia en comunión con la Santísima Trinidad. En estas maneras Dios nos ha creado en Su imagen y semejanza y el Espíritu Santo nos da poder a realizarlas y crecer en la plenitud de la vida y madurez de Cristo nuestro Señor.)

Otra obra muy importante del Espíritu Santo es formándonos en una
verdadera comunidad y familia de Dios - edificar la Iglesia. El Espíritu
Santo nos da a comprender que nosotros somos la Iglesia, miembros del
Cuerpo místico y glorioso de Jesucristo nuestro Señor. La Iglesia no es un
edificio de piedras, cemento, ladrillos, madera. Nosotros somos la Iglesia, piedras vivas, con el Papa, obispos, sacerdotes, diáconos, religiosos, religiosas, laicos, solteros casados con familias. Esta es la Iglesia de Dios y Dios mismo esta formándonos por medio de Su Santo Espíritu en un templo nuevo, vivo y glorioso en que El mismo habitara y manifestara Su gloria y majestad. Esta gran obra comenzó el Día de Pentecostés con la venida del Espíritu Santo. Como miembros del Cuerpo Místico de Jesucristo, necesitamos los unos a los otros en esta gran tarea y designo de Dios, esta obra de la Iglesia que somos y la salvación del hombre. Como miembros de un mismo cuerpo, tenemos nuestros dones y talentos, funciones y servicios para la edificación de la Iglesia y para llevar a cabo la misión de Cristo en el mundo de hoy. Este es el espíritu y directivos de Vaticano II y en nuestro tiempo y en este día, el Espíritu Santo esta llamándonos a una Nueva Evangelización.

En este derrame del Espíritu Santo sobre los apóstoles y la Virgen Santísima que celebramos hoy en la Solemnidad de Pentecostés, recibimos el poder de imitar la Virgen Maria, como Madre de la Iglesia y Madre nuestra, en su gran amor a la Iglesia y a todas sus miembros, y en atenderla, cuidarla, servirla, defenderla, protegerla, edificarla, perdonarla (porque ella también es Madre de Misericordia) promoverla y extenderla hasta los últimos rincones del mundo.

La Conferencia Episcopal de los Obispos de España ha designado este día
también de Pentecostés, el Día del Apostolado Seglar y el de la Acción
Católica. Contemplando la nueva realidad social, cultural y religiosa en que vivimos, ellos declaran que:

“ todos nosotros, sacerdotes, religiosos y cristianos laicos, debemos llevarnos a descubrir que es preciso emprender con decisión y con entusiasmo una nueva evangelización. No podemos esperar con los brazos cruzados o con el lamento permanente a que pasen los obstáculos para evangelizar. Hemos fortalecer nuestro impulso misionero y como nos recuerda el Papa Benedicto, debemos asumir estos nuevos desafíos de la cultura actual para progresar en la conversión pastoral y para
buscar nuevas formas y nuevos modos de proponer la Buena Noticia al hombre de hoy con el ardor misionero de los santos y de tantos cristianos
que son testigos gozosos del amor de Jesucristo, Nuestro Señor!”

Continuando, los Obispos dicen:

Como un nuevo Pentecostés, todos necesitamos acoger el don del Espíritu, que Jesucristo nos regala desde el seno del Padre. El nos ayudara a superar el miedo, vencer los respetos humanos y salir de nosotros mismos para ofrecer a nuestros semejantes, mediante el testimonio de una vida santa, el amor infinito y la misericordia entrañable de nuestro Dios. Dejemos pues que el “fuego” y el “viento huracanado” del Espíritu Santo nos purifiquen interiormente y nos empujen con fuerza hasta los últimos rincones de la tierra para ser testigos valientes de la resurrección del Señor.”

Saturday, June 4, 2011

Solemnidad de la Ascension del Senor, 5 de junio 2011

(Hch 1, 1-11; Ef 1, 17-23; Mt 28, 16-20)

Hoy celebramos la Solemnidad de la Ascensión del Señor al cielo. Jesús
ha cumplido Su misión aquí en la tierra y se vuelve al Padre para
enviar Su Espíritu Santo sobre los apóstoles y discípulos para
continuar Su obra salvadora hasta los confines de la tierra.
En este hermoso misterio de la Ascensión de Cristo, celebramos la
exultación de Su gloria infinita y la extraordinaria grandeza del poder
que desplegó Dios Padre, resucitándolo y sentándolo a Su derecha en el
cielo, igual en majestad, grandeza y poder, y encima de todo
principado, potestad, fuerza y dominación; como dice San Pablo, Todo
lo puso bajo sus pies y dio a la Iglesia como cabeza, sobre todo. Ella es
Su cuerpo, plenitud del que lo acaba todo en todos. Lo que celebramos
con Cristo, esperamos nosotros, como miembros de Su cuerpo, místico
y glorioso, la riqueza de gloria que nos da en herencia

Alegrémonos, pues, en este dia, con la Virgen Maria y todos los santos
y Ángeles, porque compartiremos también en un dia Su misma gloria,
majestad y grandeza. Con Maria, Madre de la Iglesia, somos buenos
servidores de su Hijo, Jesucristo, seguiendolo los misterios de Su vida,
a veces regocijándonos en Su juventud o acompañándole en Su obra por la
salvación del hombre, o retirándonos con El a la soledad. Otras veces,
transfigurándonos con El en nuevas criaturas, o abrazando con El Sus
pruebas y la cruz, o levantándonos con El en la nueva vida de Su
resurrección, y siempre ascendiendo con El en el amor.

El Espíritu Santo nos confirma en el vivir de estos misterios que comienzan en nuestro bautismo y en ser verdaderos discípulos en el servicio del Señor y nos da poder a vivir asi y llevar a cabo los mandatos de Cristo que nos ha dado hoy en el Evangelio:

“Se me ha dado pleno poder en el cielo y en la tierra, vayan pues, haced discípulos de todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre, del Hijo, y del Espíritu Santo, enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado. Y sabed que estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo.” (Mt 28, 18-20)

Jesucristo renueva hoy esta misma llamada y mandado de hacer discípulos de todas las naciones, pero no es este un mandado solamente para los misioneros que van muy lejos o los sacerdotes o religiosos y religiosas, sino para todo el pueblo santo de Dios. Todos nosotros, sacerdotes, Religiosos y Religiosas, laicos, solteros y casados obramos unidos con El Señor y Su Espíritu Santo en hacer nuevos discípulos, nuevos apóstoles, nuevos mensajeros y
evangelizadores de la buena noticia de salvación a todos los hombres.

Me da mucha pena a decirles que estamos fallando mucho en esta
tarea, esta responsabilidad en nuestras propias comunidades, familias y matrimonios – vienen parejas jóvenes a bautizar sus niños y no son casados ni por la Iglesia ni por el civil. Gracias a Dios han venido a Bautizar sus niños a lo menos, pero no están pensando de hacerse discípulos de unos a los otros de Cristo o hacer sus niños discípulos del Señor, y poner en práctica sus promesas bautismales y traerlos a la Misa, enseñarles a rezar, conocer y seguir a Jesucristo como el único maestro, Señor y Salvador.

Un dia un padre de familia vino a confesar y me dijo: “Padre tengo
confesar y pido perdón, porque nunca he hablado la palabra Dios en
mi familia y a mis niños. Perdóname Padre por mis pecados y esta
falta contra mi familia.”

Los esposos tienen que hacer sus esposas, discípulos de Cristo. Las
esposas tienen que hacer sus esposos, discípulos de Cristo. Los Padres
tienen que hacer sus niños discípulos de Cristo. Los jóvenes tienen que
hacer sus hermanos y otros jóvenes, discípulos de Cristo. Y Tenemos nosotros ayudar unos a los otros en el cumplir de esta gran tarea, responsabilidad y
mandado de Cristo a la familia de Dios. Por eso Dios envió Su
Santo Espíritu para cubrirnos con Su poder, iluminarnos con Su luz,
llenarnos con Su amor y alegría para cumplir todo lo que Cristo nos ha
pedido, deseado y mandado de nosotros.

Dice en la primera lectura: “Aguardad que se cumpla la promesa de mi Padre…dentro de pocos días, vosotros seréis bautizados con Espíritu Santo…recibiréis fuerza para ser mis testigos…hasta los confines de la tierra!”

Recordamos durante estos días hasta el dia de Pentecostés que viene el próximo domingo el tiempo en el que los apóstoles y discípulos fueron reunidos con la Virgen Santísima en oración, preparándose para la venida del Espíritu Santo. Un tiempo de nueve días desde el jueves de la ascensión hasta el dia de Pentecostés, verdaderamente, era la primera novena de la Iglesia y una novena en honor y preparación del Espíritu Santo. Para nosotros también, es un
tiempo muy eficaz para renovarnos en la gracia, presencia y los dones
del Espíritu Santo. Porque todos nosotros que hemos recibido el sacramento de la confirmación hemos recibidos el mismo Espíritu y Sus siete dones que bajo sobre la Virgen Maria y los apóstoles y discípulos , la fuerza de lo alto, la fuerza que dice Jesucristo en la primera lectura, “para ser mis testigos”. para hacer discipulos, para ensenar mis verdades."Entonces durante estos días debemos rezar con Maria y los apóstoles, cada dia si es posible, unas oraciones en honor al Espíritu Santo o el santo rosario, o leer y meditar sobre las lecturas biblicas diarias de la santa misa y prepárandonos asi a celebrar el dia de Pentecostés con un nuevo sentido y una nueva experiencia de la presencia personal del Espiritu Santo en nuestra vida, Sus dones divinos, Su paz y tranquilidad, Su gozo y alegría, Su luz y amor, poder y grandeza y Su deseo ardiente de hacer discípulos de todas las naciones, comenzando en nuestras propias comunidades, nuestras propias familias y matrimonios y nuestras propias vidas. Te lo pedimos por Jesucristo Nuestro Senor!