Wednesday, October 31, 2012

Todos Los Santos, 1 noviembre 2012

HOMILÍA SOLEMNIDAD DE TODOS LOS SANTOS – 2012 CICLO “B” Celebración del Año de la fe. Seguimos celebrando el “Año de la Fe” como acontecimiento de gracia y de salvación, como invitación a fortalecer nuestra fe y como llamada a transmitirla. No dejemos que vaya pasando este Año sin celebrarlo por nuestra parte con autenticidad y verdad. “El Año de la fe es una llamada a la conversión a Dios cada vez más plena, a reforzar nuestra fe en Él y a anunciarlo con alegría al hombre de nuestro tiempo” (Benedicto XVI) El Año de la Fe representa un llamamiento urgente a la conversión para que cada cristiano y para que cada comunidad cristiana, transformados por la gracia, demos abundantes frutos de santidad y de vida cristiana. Para ello hemos de estar unidos íntimamente a Jesucristo que es la vid verdadera y nosotros los sarmientos, y que es el manantial de agua que sacia nuestra sed de felicidad y salta asta la vida eterna. No vayamos a cisternas que tienen agua corrompida. No nos separemos de Jesucristo porque sin Él nada podemos hacer. Como a la Samaritana el Señor nos dice a cada uno: “si conocieras el don de Dios, tú me pedirías a mí de beber, y yo te daría un agua viva que apaga la sed para siempre” (Jn.4,10). 1.- Las Lecturas * Libro del Apocalipsis de San Juan 7,2-4.9-14. Apareció una inmensa muchedumbre que nadie podría contar, de toda raza, nación, pueblo y lengua. Pidamos al Señor que también nosotros estemos en esa inmensa muchedumbre en el cielo por toda la eternidad. * Salmo Responsorial 23. Este es el grupo que viene a tu presencia, Señor. Ya desde ahora procuremos pertenecer a este grupo que busca al Señor, permanecer en su compañía y seguirlo siempre. * Primera Carta de San Juan 3,1-3. Ahora vemos a Dios en la fe, como en un espejo; en el reino de los cielos veremos a Dios tal cual y seremos inmensamente felices por toda la eternidad. Es la visión beatífica. Es el misterio de nuestra bienaventuranza en los cielos. * Evangelio según San Mateo 5,1-12a. Jesús nos ha mostrado las bienaventuranzas como el camino que nos lleva al Reino de los cielos. Escuchemos con atención las bienaventuranzas y pidamos al Señor que nos dé un corazón bienaventurado. 2.- Sugerencias para la homilía Hoy celebramos la solemnidad de todos los santos. La Iglesia reconoce en ellos sus virtudes y sus méritos, alaba su entrega a Jesucristo y a la Iglesia, y pide su intercesión y ayuda ante el Señor. Los santos han vivido según el programa de las bienaventuranzas que nos ofreció Jesús. Los santos son hijos adoptivos de Dios que han perseverado hasta el final de sus vidas en la fe, en la esperanza y en la caridad. 2.1.- Dios nos ha elegido para ser santos En este día de “Todos los santos” hemos de recordar las palabras de san Pablo que nos presenta el “eterno designio de Dios” para la humanidad, para cada ser humano, para ti: “Dios nos -te- ha elegido para que seamos sus hijos adoptivos, para que seamos santos en su Hijo Jesucristo” (cf. Ef.1,4-5). No olvidemos nunca este designio de Dios. Contemplemos a esa inmensa muchedumbre de santos y santas que están en el cielo adorando, alabando, bendiciendo y dando gracias al Padre por Jesucristo en el Espíritu Santo. Adentrémonos en este insondable misterio de nuestra fe. También tú y yo, y todos, estamos llamados a formar parte de esa muchedumbre que nadie puede contar y que son los bienaventurados que están viendo a Dios y son inmensamente felices. Ese es el destino final hacia el que nos vamos encaminando por los senderos de este mundo. No nos equivoquemos. Es posible que sintamos la tentación de caminar por otros caminos que el mundo nos propone. Nuestro destino final no es la nada ni la desaparición para siempre. Nuestro destino final es Dios. San Agustín lo expresó con palabras inmensas: “Señor, nos has hecho para Ti, e inquieto está nuestro corazón hasta que descanse en Ti”. ¿Qué más podemos pedir? ¿Qué más podemos esperar? 2.2.- La senda de las bienaventuranzas El camino que nos lleva a Dios nos lo ha mostrado con sus palabras y, sobre todo, con su vida, Jesús de Nazaret: las bienaventuranzas. Subió a la montaña y pronunció este mensaje tan hermoso y tan lleno de esperanza y de gozo. Sus palabras han quedado escritas para siempre en el Evangelio según san Mateo, han sido guardadas y transmitidas por la Iglesia; han sido vividas y testimoniadas por los santos y santas de Dios; han sido entregadas a cada uno de nosotros desde pequeños para que vivamos en conformidad con ellas y podamos llegar así al Reino de Dios donde contemplaremos el misterio de Dios y seremos eternamente felices... Es el momento para que resuenen las bienaventuranzas en este mundo y en nuestra sociedad que están sumidos en crisis humana, moral, económica, religiosa… ¡Cuántos problemas resolveríamos si viviéramos y testimoniáramos de verdad las bienaventuranzas! * Bienaventurados los pobres de espíritu: los que no se dejan llevar por el pecado, la codicia, la avaricia, la injusticia…Todo esto hace mucho daño a quien lo hace y a la humanidad, a las personas * Bienaventurados los que lloran: los que comparten el dolor y el sufrimiento de los demás y se esfuerzan por aliviar ese dolor, por quitar ese sufrimiento…y sus causas. Los que escuchan el clamor de los pobres y responden a él con verdad. * Bienaventurados los limpios de corazón: los que tienen un corazón donde no hay odio, rencor, mentira…que tanto sufrimiento produce a personas, grupos, pueblos… Su corazón no tiene doble fondo ni hipocresía. * Bienaventurados los pacíficos: los que desde un corazón pacificado y reconciliado, siembran la paz, tienden puentes de encuentro entre las personas, las comunidades, los pueblos…evitando así la guerra, la violencia, el hambre. * Bienaventurados los misericordiosos: los que han elegido “el principio – misericordia” como forma de existir, de trabajar, de actuar en este mundo superando la venganza, los insultos, el rencor… * Bienaventurados los que tienen un corazón lleno de mansedumbre: los que han optado por vivir y pasar por la vida sembrando el bien, el amor, el perdón, la verdad, evitando así los enfrentamientos, los insultos, las descalificaciones… * Bienaventurados los que tiene hambre y sed de justicia: los que prefieren pasar por la vida como desapercibidos y humildes antes que dejarse llevar por la mentira, la envidia, el desprecio de los demás, el ansia de poder, de dinero, de placeres… * Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia: los que son perseguidos por su fe, por su santidad, por su vida evangélica…El justo es con frecuencia rechazado, injuriado, despreciado… * Bienaventurados cuando os insulten y os persigan y digan con mentira toda clase de mal contra vosotros…: los que son perseguidos por la fe, los que son despreciados por ser cristianos, los que son encarcelados por ser discípulos de Jesucristo, los que son martirizados por su fe…. De todos ellos es el reino de los cielos Todos ellos verán a Dios El Señor los acogerá en su muerte y los llevará con Él para siempre. Todos serán eternamente felices con Dios., ¡Danos, Señor, un corazón como el tuyo: el corazón de las bienaventuranzas! 3.- Un recuerdo para todos los que han muerto Os invito a todos a orar por todos nuestros difuntos, por aquellos de quienes nadie se acuerda ni reza, por aquellos cuya fe sólo Dios conoce… ¡Que Dios los acoja en su misericordia infinita en su Reino! 4.- De la palabra a la Eucaristía La Eucaristía nos permite descubrir a Jesucristo que vivió en verdad las bienaventuranzas que predicó y las enseñó a sus discípulos, y a nosotros. La Eucaristía nos descubre la verdad de las bienaventuranzas de Jesús… 5.- De la Eucaristía a la misión No nos quedemos en nosotros mismos. Vayamos al mundo, a las personas, a nuestras familias…para ofrecerles el mensaje de Jesús: las bienaventuranzas. Estas bienaventuranzas tienen un dinamismo tan profundo y tan intenso que, si las vivimos de verdad y las testimoniamos con autenticidad, son capaces de transformar, con la fuerza del Espíritu Santo, este mundo haciéndolo más humano, más justo, más fraterno, más conforme al designio de Dios. Terminamos. Unidos en la plegaria Cáceres. 29 de octubre de 2012 Florentino Muñoz Muñoz

XXXI Domingo del Tiempo Ordinario, 29 octubre 2012

HOMILIA XXXI DOMINGO TIEMPO ORDINARIO – 2012 CICLO “B” El Año de la fe “La fe sin la caridad no da fruto, y la caridad sin la fe seria un sentimiento constantemente a merced de la duda. La fe y el amor se necesitan mutuamente, de modo que una permite a la otra seguir su camino (…) Es la fe la que nos permite reconocer a Cristo, y es su mismo amor el que impulsa a socorrerlo cada vez que se hace nuestro prójimo en el camino de la vida. Sostenidos por la fe, miramos con esperanza a nuestro compromiso en el mundo, aguardando “unos cielos nuevos y una tierra nueva en los que habite la justicia” (2 Pedr.3,13)” (Benedicto XVI). 1.- Las Lecturas * Libro del Deuteronomio 6,2-.6. “Escucha Israel: amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón…Guarda estas palabras en tu corazón”. Acojamos nosotros estas palabras y no las olvidemos nunca y las hagamos realidad. * Salmo Responsorial 17: “Yo te amo, Señor. Tú eres mi fortaleza”. En medio de nuestras dificultades y sufrimientos acudamos siempre al Señor porque Él nos ama, nos atiende y nos socorre * Carta a los Hebreos 7,23-28. Cristo permanece para siempre, por eso tiene el sacerdocio que no pasa. Cristo está sentado a la derecha del Padre e intercede por nosotros. Confiemos en Él. * Evangelio según san Marcos: 12, 28b-34. Jesús nos enseña: “Amarás al Señor tu Dios, y amarás a tu prójimo como a ti mismo como a ti mismo”. 2.- Sugerencias para la homilía 2.1.- El amor a Dios. ¿Qué significa amar a Dios? * Estar ante Él con humildad y sencillez; ser disponible y obediente ante su mandato; mostrarnos vigilantes y esperanzados ante su llegada. * Poner el fundamento de nuestra vida en Él y dejar en sus manos nuestro presente y nuestro futuro. * Confiarnos a Él como Padre y esperar de Él el crecimiento y la consumación de nuestra persona y de nuestra historia. * Romper con todo lo que nos aleja de Él, cortar con todo lo que pone en peligro nuestra fidelidad a Él y alejarnos de todo aquello que pretende separarnos de Él. * Despreocuparnos de nosotros mismos y ocuparnos en lo único necesario: el reino de los cielos (Lc.17,7). No nos inquietemos por tantas cosas que reclaman nuestra atención; no nos dejemos seducir por tantas cosas que piden nuestra adhesión. Tengamos en cuenta que sólo una cosa es necesaria: ponerse a los pies de Jesús, escuchar su palabra y cumplirla, y seguirle de cerca…. Este amor a Dios exige sacrificios y renuncias ya que la existencia cristiana, al revivir el destino de Jesús, encontrará la oposición externa, las tentaciones… Los poderes, que se oponen al amor de Dios, son el dinero, la ambición, el prestigio ya que ponen en peligro la fidelidad del discípulo de Jesús y el amor de Dios. 2.2.- El amor al prójimo El amor a Dios y el amor al prójimo no se pueden separar. La Iglesia ve y contempla a Cristo como el Buen Samaritano de la parábola, que hace suyos los dolores y sufrimientos de todos los hombres, que carga con los heridos del camino de la vida y se encarga de los sufrientes… El discípulo de Jesús tiene que tener entrañas de misericordia, como las tiene Jesús, quien refleja las entrañas de Dios. “Sed misericordiosos como vuestro Padre es misericordioso”. La responsabilidad, el poder y deber hacer por el otro fundan la grandeza y la seriedad de la vida humana. De este modo cumplimos el mandamiento que nos ha dado Jesús: “Os doy un mandamiento nuevo: que os améis los unos a los otros. Que, como yo os he amado, así os améis también vosotros los unos a los otros. En esto conocerán todos que sois discípulos míos, si os tenéis amor los unos a los otros” (Jn.13,34 3.- De la palabra a la Eucaristía En la Eucaristía encontramos a Jesucristo que nos da su Cuerpo y su Sangre como comida y bebida. Dejémonos acoger, alimentar y salvar por el Señor. No demos la espalda a la Eucaristía. “No se edifica ninguna comunidad cristiana si no tiene como raíz y quicio la celebración de la sagrada Eucaristía (…) Esta celebración para que sea sincera y cabal, debe conducir lo mismo a las obras de caridad y de mutua ayuda de unos para con otros que a la acción misional y a las varias formas del testimonio cristiano” (PO 6). 4.- Del sacramento del altar al sacramento del hermano Participar en la Eucaristía lleva consigo implicarnos en la entrega de Jesucristo. La Eucaristía, sacramento de la muerte y resurrección de Cristo, ha de llevarnos a todos, sacerdotes, religiosos/as, y laicos a hacernos don, entrega total y generosa, hasta dar la vida, por amor, al servicio de los hermanos, especialmente de los más pobres. Terminamos. Unidos en la oración Cáceres, 29 de octubre de 2012 Florentino Muñoz Muñoz

XXX Domingo del Tiempo Ordinario, 22 octubre 2012

HOMILÍA XXX DOMINGO TIEMPO ORDINARIO – 2012 CICLO “B” Objetivos del Año de la fe * “Intensificar la reflexión sobre la fe para ayudar a todos los creyentes en Cristo a que su adhesión al Evangelio sea más consciente y vigorosa, sobre todo en un momento de profundo cambio como el que la humanidad está viviendo”. * “Invitar a una auténtica conversión al Señor, único Salvador del mundo”. * “Comprometerse a favor de una nueva evangelización para redescubrir la alegría de creer y volver a encontrar el entusiasmo de comunicar la fe” * “Suscitar en todo creyente la aspiración a confesar la fe con plenitud y renovada convicción, con confianza y esperanza”. * “Comprender de manera más profunda no sólo los contenidos de la fe sino, juntamente también con eso, el acto con el que decidimos entregarnos totalmente y con plena libertad a Dios”. En este contexto del “Año de la fe” situamos las sugerencias para la homilía de este domingo que os ofrecemos. 1.- Lecturas * Profeta Jeremías 31,7-9. Guiaré entre consuelos y alegría a ciegos y cojos. Es el nuevo éxodo de una multitud que sale de la tierra de la esclavitud y vuelve a la tierra de la libertad y de la paz. * Salmo responsorial 125: Con el salmista digamos con alegría y gratitud: el Señor ha estado grande con nosotros y estamos alegres y contentos... * Carta a los Hebreos 5,1-6. Jesucristo es el nuevo y eterno sacerdote según el rito de Melquisedec que, desde su comunión con nosotros por la encarnación, nos une a Dios. * Evangelio según san Marcos 10,46-52. El ciego del camino suplica a Jesús diciéndole: “Maestro, que pueda ver”. Jesús lo cura. El ciego recobra la vista y emprende un camino nuevo en su vida: deja atrás su manto y se incorpora al cortejo de Jesús: se hace discípulo de Jesús. 2.- Sugerencias para la homilía 2.1.- Descubramos nuestras cegueras Como el ciego del camino, hemos de descubrir y reconocer nuestras cegueras. ¿Cuáles pueden ser nuestras cegueras? • La falta de la visión de fe que nos impide reconocer en Jesús al Hijo de Dios hecho hombre • La falta de la visión del amor que nos impide ver en el otro a un ser humano dotado de una dignidad intocable. • La falta de la visión del hombre hambriento, enfermo, encarcelado, perseguido…que nos impide tratarlo con caridad y ayudarlo… • La falta de visión del alma que está oscurecida por el pecado y nos impide ver a Dios • La falta de visión que nos impide ver a Jesucristo en el empobrecido, en el enfermo, en el desvalido… Pongámonos delante del Señor y desde Él mirémonos a nosotros mismos. Pidámosle la luz para que podamos descubrir nuestras cegueras, nuestras miopías…Seamos valientes y sinceros con nosotros mismos para reconocer nuestras faltas de visión…Reconocerlas es ponernos en el camino de la curación de las mismas…De lo contrario, estaremos ciegos, y es muy posible que no nos demos cuenta de nuestras cegueras… 2.2.- Desde estas cegueras, salimos al camino y pedimos al Señor que nos dé la visión Como el ciego del camino nos dirigimos a Ti, Señor Jesús, que pasas a nuestro lado como salvador que nos ama y nos redime, y te decimos con las mismas palabras con que ora la Iglesia: “Están mis ojos cansados De tanto ver luz sin ver; Por la oscuridad del mundo, Voy como un ciego que ve. Tú que diste vista al ciego Y a Nicodemo también, filtra en mis secas pupilas Dos gotas frescas de fe”. El Señor atiende nuestros deseos como los del ciego del camino y cura nuestras cegueras. En el sacramento del Bautismo recibimos la luz de Cristo que abrió nuestros ojos. Pero, el Señor espera que nosotros respondamos a su acción curativa quitando de los ojos de nuestro corazón todo aquello que les impide ver: egoísmo soberbia, autosuficiencia, intolerancia, odio, rencor, indiferencia… 2.3.- Cuidemos nuestra fe No expongamos nuestra fe a la increencia, a la indiferencia religiosa, al secularismo, al ateísmo, al relativismo…Por estos caminos, tarde o temprano, podemos perder la fe. Formemos nuestra fe participando en cursos de formación teológica, bíblica, espiritual que se ofrecen en nuestra diócesis, en las parroquias…Hemos de aprender a dialogar con los aspectos teóricos de la increencia; hemos de estar preparados para participar de forma responsable y digna en el diálogo fe – cultura; fe – política; fe – vida… Celebremos nuestra fe participando de forma consciente, fructuosa y digna en la celebración de la Eucaristía y de los sacramentos, en la oración…Los sacramentos son “sacramentos de la fe”, y “la fe culmina en la recepción del sacramento” como todos saben. Vivamos nuestra fe. La fe ha de llegar al corazón y a la vida, al alma y a nuestra existencia, a nuestros pensamientos y afectos, a nuestros criterios y comportamientos para transformarlos, para renovarlos a la luz de las enseñanzas de Jesucristo que nos transmite el Magisterio de la Iglesia… 2.4.- Transmitamos la fe Testimoniemos nuestra fe con nuestras obras pues “fe sin obras es fe muerta” (Santiago). Y estas obras son la caridad, el amor: “la fe que actúa por la caridad” (Pablo). Transmitamos el Evangelio como testigos. El testigo habla de lo que ha visto. El testigo es aquel que ha hecho la experiencia del desierto, es decir, ha visto al invisible…Nosotros hemos de hacer esa misma experiencia en la oración, en la contemplación… Nunca olvidemos que el hombre y la mujer de nuestros días escuchan mejor al testigo que al maestro, y si escuchan a éste es porque es testigo… Anunciemos nuestra fe. No guardemos para nosotros la fe. Dios nos ha dado el don de la fe para que nosotros lo compartamos: - Ayudemos a otros a recuperar la alegría de ser creyentes. - Invitemos a los que no creen a ponerse en el camino de la fe. - Sintámonos profundamente interpelados ante muchos jóvenes que ya no conocen a Jesucristo en nuestro país… Ayudemos a las familias cristianas a que sean de verdad lugares donde los padres y también los abuelos transmitan la fe a los hijos. Apoyemos a los catequistas que, con verdadera ilusión y ardor, educan la fe de los niños, de los adolescentes, de los jóvenes. Los padres han de estar cerca y ayudar a los catequistas… 3.- De la Palabra a la Eucaristía El Señor en la Eucaristía pasa a nuestro lado para salvarnos, redimirnos, curarnos. Pidámosle hoy que abra nuestros ojos, los ojos del alma, para ver lo esencial, para verlo a Él… 4.- De la Eucaristía a la Misión El Señor nos invita a evangelizar: “Id al mundo entero y haced discípulos míos a todas las gentes…”. El Señor está con nosotros y nos ayuda. Hagamos presente el Evangelio allí donde vivimos, trabajamos…. Terminamos. Unidos en la oración. Cáceres, 22 de octubre de 2012 Florentino Muñoz Muñoz

XXIX Domingo del Tiempo Ordinario, 15 octubre 2012

HOMILÍA XXIX DOMINGO TIEMPO ORDINARIO – 2012 CICLO “B” PROPAGACIÓN DE LA FE - DOMUND “Misioneros de la Fe” * EL CARTEL del DOMUND presenta la Cruz sobre un muro, esto es, en los lugares comunes por donde discurre la vida los hombres. Y en la base de la Cruz, dos manos extendidas, en una doble actitud: de ACOGER la misericordia y la fortaleza que mana de la Cruz y, al mismo tiempo, de DISPONIBILIDAD: estar dispuesto a ser misioneros de la fe, asumiendo el compromiso que hicimos el día de nuestro bautismo. En el interior de las manos están los 5 continentes: Jesús murió por todos los hombres; también nosotros debemos llevar en nuestra oración, en nuestro sacrificio, y en nuestro compromiso solidario a toda la humanidad. * LOS MISIONEROS son: HOMBRES DE FE: como Abraham que, cautivados por la palabra de Dios, han dejado su casa y su tierra, para llevar el evangelio a otros lugares. HOMBRES DE CARIDAD: que no sólo han entregado una limosna, más o menos generosa, sino también están derrochando sus energías, su tiempo y todo su amor al evangelio, asumiendo estilos de vida pobre y padeciendo, frecuentemente, la persecución y la muerte. * OREMOS POR D. FÉLIX CARRONDO El pasado día 7 de octubre, D. Félix Carrondo Pérez, sacerdote diocesano, misionero en Brasil durante muchos años, fallecía a los 84 años. Ha querido que su cuerpo fuera enterrado y plantado como hermosa planta en aquellas tierras con las que él compartió el tesoro del evangelio, esperando la resurrección de los muertos.. D. Félix fue mi catequista, siendo él estudiante del último curso de teología, cuando yo era niño, en San Ignacio de Loyola de Coria, antes de ingresar en el Seminario Conciliar de Coria. Gracias, Señor, por él. Te lo confiamos a Ti y lo dejamos en tus manos misericordiosas de Padre. * ENSEÑANZAS DEL PAPA: “Muchos sacerdotes, religiosos y religiosas de todas partes del mundo, numerosos laicos y hasta familias enteras dejan sus países, sus comunidades locales y se van a otras iglesias para testimoniar y anunciar el Nombre de Cristo, en el cual la humanidad encuentra la salvación. Se trata de una expresión de profunda comunión, de un compartir y de una caridad entre las Iglesias…” ¿Qué es el DOMUND? El DOmingo MUNDial de las Misiones es el día en el que toda la Iglesia reza y colabora económicamente en favor de la actividad evangelizadora de los misioneros. ¿Quiénes son los misioneros? Sacerdotes, religiosos y religiosas, y laicos que han sido enviados, por un periodo largo de tiempo o para toda la vida, a países donde aún no se conoce el Evangelio. En la actualidad hay más de 14.000 misioneros por todo el mundo. ¿Qué hacen los misioneros? Anuncian el Evangelio a quienes aún no conocen a Jesús. Al mismo tiempo, asumen la responsabilidad en proyectos educativos, sanitarios y de promoción social de las personas y pueblos que atienden. ¿Cómo colaborar con ellos? Rezando por ellos y colaborando económicamente con las Obras Misionales Pontificias, para que éstas puedan distribuir, con carácter de universalidad, todos los donativos recibidos. 1.- Las lecturas * Profeta Isaías 53,10-11: El profeta Isaías habla del Servidor de Dios. Y dice de él: “Cuando entregues tu vida como expiación verás tu descendencia y se prolongarán tus años…”. * Salmo Responsorial 32. Con el salmista digamos desde lo más profundo de nuestra alma: ¡Señor! Que tu misericordia venga sobre nosotros como lo esperamos de Ti. La necesitamos. * Carta a los Hebreos 4,14-16: Con profunda fe y seguridad, acerquémonos al trono de la gracia que es Jesucristo de cuya plenitud hemos recibido todos “gracia tras gracia”. * Evangelio según San Marcos 10,35-45: Contemplemos una vez más a Jesucristo con fe y amor. Él es el Hijo del Hombre que ha venido al mundo no para ser servido sino para servir y dar su vida en rescate por muchos. Jesús nos exhorta a no ambicionar la grandeza o el poder, sino a elegir ser servidores de todos. 2.- Sugerencias para la homilía 2.1.- Jesucristo es el Sumo y eterno Sacerdote Cristo tuvo que hacerse semejante en todo a nosotros, excepto en el pecado, para llegar a ser sumo sacerdote compasivo y digno de fe (Heb. 2,17-19). Cristo es sacerdote compasivo y misericordioso en sus relaciones con todos nosotros. Por eso podemos acercarnos a Él con confianza y seguridad ya que encontraremos en Él el amor, la misericordia y el perdón de Dios para nuestras faltas y pecados. Cristo es digno de fe en lo que se refiere a las relaciones con Dios. Nos podemos fiar de Él. Cristo es el Hijo de Dios hecho hombre. Él nos une al Padre por la fuerza del Espíritu Santo. No nos dejará nunca solos en los caminos del mundo. El sacerdocio de Cristo es eterno. No pasa nunca. Se prolonga sacramentalmente en la Iglesia y entre nosotros en el sacerdocio ministerial. Tengamos siempre presente que el sacerdote, todo sacerdote, es sacramento de Cristo Cabeza, Pastor y Servidor de la Iglesia. Todo sacerdote es “sacramento de Cristo mediador”. Oremos al Señor para que suscite de entre los jóvenes vocaciones al sacerdocio ministerial. ¡Danos, Señor, muchos y santos sacerdotes!. No nos cansemos nunca de rogar al Señor para que siga suscitando vocaciones al Sacerdocio. Oremos por nuestros sacerdotes para que perseveren en el sacerdocio y sean siempre signos transparentes y visibles de Cristo Sacerdote. De una manera especial oremos por nuestros sacerdotes enfermos, necesitados… 2.2.- Acerquémonos al trono de la misericordia ¡Qué palabras tan hermosas acabamos de escribir! Gracias, Señor, porque nos las has regalado y nos concedes la fuerza para poder proclamarlas, decirlas… Podemos acercarnos al trono del Señor porque es un trono de amor y de misericordia, de perdón y de compasión. No tengamos miedo al Señor porque el miedo es lo opuesto a la fe, como dijo Jesús a sus discípulos en el lago (Mt.14,26-27; Jn.6,16-21). ¿Quién es ese trono? La respuesta es fácil. Jesucristo es el trono de la misericordia y del amor, de la bondad y del perdón de Dios para todos los seres humanos; también para ti. Acércate a Él, hermano. No lo dudes un instante. Por grandes que sean nuestros pecados y faltas, muchísimo más grande es la misericordia de Dios ya que es infinita. ¿Dónde encontramos ahora ese trono de misericordia? Esa misericordia llega a nosotros cada vez que recibimos el sacramento de la Penitencia. El sacerdote confesor en Nombre y con la autoridad de Jesucristo nos dice: “Yo te absuelvo de tus pecados en el Nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo”. Realmente es una maravilla de la gracia inmensa de Dios. Sentimos mucho los sacerdotes que los fieles se acerquen poco a recibir este sacramento. Desde estas líneas os invito a recibir con frecuencia y dignamente este sacramento del amor y de la ternura, del perdón y del amor, de Dios para todos. 2.3.- Anunciemos a Jesucristo Insertamos aquí unas enseñanzas del Papa Benedicto XVI que ofreció en la apertura del Sínodo de la Nueva Evangelización: “Durante el Concilio había una emocionante tensión con relación a la tarea común de hacer resplandecer la verdad y la belleza de la fe…” Y la necesidad de que “se reavive en toda la Iglesia aquella tensión positiva, aquel anhelo de volver a anunciar a Cristo al hombre contemporáneo”. Todos somos misioneros. Recordemos estas palabras de Benedicto XVI: Estamos viviendo una época de “desertización espiritual”, dice el Papa. Por eso nos indica: “se necesitan sobre todo personas de fe que, con su propia vida, indiquen el camino hacia la Tierra prometida y de esta forma mantengan viva la esperanza. La fe vivida abre el corazón a la Gracia de Dios que libera del pesimismo. Hoy más que nunca evangelizar quiere decir dar testimonio de una vida nueva, trasformada por Dios, y así indicar el camino”. “En la proclamación del Año de la Fe, Cristo “hoy como ayer”, nos envía por los caminos del mundo para proclamar su Evangelio a todos los pueblos de la tierra” (Carta apostólica “Porta fidei”, 7) Necesitamos, por tanto, retomar el mismo fervor apostólico de las primeras comunidades cristianas que, pequeñas e indefensas, fueron capaces de difundir el Evangelio en todo el mundo entonces conocido mediante su anuncio y testimonio… Es el mandamiento misionero que Cristo ha confiado a sus discípulos y que debe ser un compromiso de todo el Pueblo de Dios, también de nosotros y de cada uno. 3.- De la Palabra a la Eucaristía Participemos con fe viva en la Eucaristía. No nos dejemos atrapar por la rutina y la inercia. Nada hay peor que un alma “acostumbrada, rutinaria”. Cristo es “el pan” de los fuertes. Acerquémonos a recibir el Cuerpo y la Sangre de Cristo de forma consciente, digna, fructuosa….”El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna y yo lo resucitaré el último día” (Jn.6,54). El Señor nos da la fuerza necesaria para perseverar en la fe y para ser sus testigos en el mundo. 4.- De la Eucaristía a la Misión El Señor nos envía en misión: id y haced discípulos míos a todas las gentes…Yo estoy con vosotros hasta el final de los tiempos…No defraudemos al Señor. Él cuenta con nosotros y ha puesto su confianza en todos, también en ti….Participemos en la misión de nuestras parroquias, de nuestros arciprestazgos, de nuestra diócesis…con el don, carisma o ministerio que el Señor nos haya dado. No los dejemos improductivos… ¿Qué le vamos a decir al Señor cuando nos pida cuentas de nuestra vida? Aún estamos a tiempo para hacer fructificar los talentos que el Señor nos ha dado para común utilidad, para la edificación de la Iglesia, para el servicio de los hermanos, especialmente de los más necesitados… Colaboremos en hacer realidad el objetivo pastoral de nuestra diócesis: “Anunciar al Señor realizando la caridad”: “la fe que obra por la caridad”. Terminamos. Unidos en la plegaria Cáceres. 15 de octubre de 2012 Fiesta de Santa Teresa de Jesús Nada te turbe; nada te espante. Todo se pasa; la paciencia todo lo alcanza; Quien a Dios tiene, nada le falta… Sólo Dios basta… Florentino Mu

Friday, October 5, 2012

XXVII Domingo del Tiempo Ordinario, 7 octubre 2012

HOMILÍA XXVII DOMINGO TIEMPO ORDINARIO – 2012 CICLO “B” La Iglesia nos ha propuesto para este domingo unas lecturas bíblicas que tienen como tema fundamental: el sacramento del matrimonio. Por ello, nos ha parecido bien que los puntos de esta homilía expliquen el matrimonio cristiano…En otra ocasión escribiré sobre la presencia de los esposos y padres en la vida y misión de la Iglesia, así como en la sociedad… 1.- Las Lecturas * Libro del Génesis 1,18-24. Dios creó al hombre y la mujer a su imagen y semejanza para que formen una pareja estable, siendo ambos iguales en dignidad. * Salmo Responsorial 127: Con el salmista, pidamos que el Señor nos bendiga todos los días de nuestra vida. * Carta a los Hebreos 2,9-11. El Santificador y los santificados proceden todos del mismo. * Evangelio según san Marcos 10,2-16. “Lo que Dios ha unido que no lo separe el hombre”. 2.- Sugerencias para la homilía I.- EL MATRIMONIO CRISTIANO A.- El matrimonio como sacramento Recordemos la enseñanza del Concilio Vaticano II: “Cristo, Señor nuestro, bendijo abundantemente este amor multiforme, nacido de la fuente divina de la caridad y que está formado a semejanza de su unión con la Iglesia. …El Salvador de los hombres y Esposo de la Iglesia sale al encuentro de los esposos cristianos por medio del sacramento del matrimonio. Además, permanece con ellos, para que los esposos, con su mutua entrega, se amen con perpetua fidelidad, como Él mismo ha amado a la Iglesia y se entregó por ella” (GS 48). El matrimonio, como todo sacramento, transmite la gracia a quienes lo reciben dignamente, a quienes no ponen óbice u obstáculo a la gracia. Ayudemos a quienes van a contraer sacramento a prepararse dignamente para contraerlo. El matrimonio es un camino de gracia y de esperanza, de amor y de vida para los esposos. Este es el camino de vuestra santificación y de vuestra santidad. Recorredlo unidos en el amor, en la paz, en la fidelidad, siempre con la ayuda del Señor y la protección de la Virgen María que, como en Caná, os ayudará siempre. B.- El matrimonio: comunidad de vida y de amor. En la primera lectura (Gén. 1,27-28; 2,24; 1,31a), que ha sido proclamada hace unos instantes, hemos escuchado que Dios creó al hombre y a la mujer, y los creó a su imagen y semejanza. Y los unió en matrimonio: “dejará el hombre a su padre y a su madre y se unirá a su mujer y llegarán a ser los dos una sola carne” (Gén.2,24), es decir, como una sola persona.. El matrimonio es “una comunidad de vida y de amor establecida sobre la alianza de los cónyuges -un hombre y una mujer- , es decir, sobre su consentimiento personal e irrevocable” (GS 48). C.- El Matrimonio: comunidad de amor peculiar El amor esponsal tiene sus rasgos y características propias que os ofrecemos a continuación: - el amor de los esposos no ha de ser nunca un amor infantil o caprichoso, ni un amor narcisista, egoísta, insolidario… - el amor de los esposos ha de ser un amor adulto, responsable, maduro, cristiano, - el amor de los esposos ha de ser un amor fiel y para toda la vida. Es un amor que se da sin reservas, que se regala al otro para siempre, de manera definitiva y total, sin límites de tiempo y de espacio. Sabed que el amor o es definitivo o no es amor verdadero. Un amor que se da con condiciones, que se entrega a plazos, que se da fiado...no es un amor verdadero. - el amor de los esposos ha de ser un amor que perdona con alegría, que comprende sin exigir nada, que no lleva cuentas del mal que le hacen, que se alegra del bien del otro... como dice San Pablo en su primera carta a los cristianos de Corinto. D.- El Matrimonio: una comunidad de amor abierta a la transmisión responsable y generosa de la vida. Por su índole natural, la misma institución del matrimonio y el amor conyugal están ordenados a la procreación y a la educación de la prole, con la que se ciñen como con su corona propia los esposos (GS 48). - Los hijos son el regalo más grande que Dios da a los esposos. No os encerréis en vosotros mismos, porque terminaríais endureciéndoos y empobreciéndoos en vuestros egoísmos e intereses...Dios quiere que seáis sus colaboradores responsables en la donación de la vida. Los hijos no son un problema, sino una alegría inmensa. Los hijos son la mejor corona que pueden ceñir vuestras sienes. Cumpliréis así el mandato del Creador: “creced y multiplicaos y llenad la tierra” (Génesis 1). - Educad a vuestros hijos en los valores humanos y morales que brotan del Evangelio. Estos valores enriquecerán el tejido de sus personas y de la sociedad. Si no educáis vosotros a vuestros hijos, otros lo harán…. - Educad a vuestros hijos en la fe y en la vida cristiana. Que vuestro hogar sea lugar donde transmitáis la fe con vuestras palabras y, sobre todo, con el testimonio de vuestras vidas que hará creíble vuestra palabra y vuestro mensaje. Estad cerca de vuestros hijos acompañándolos con profundo amor y respeto y amor. No los dejéis en la soledad y en el vacío… E.- El Matrimonio ha de ser manantial de santificación para los esposos. Cristo sale al encuentro de los esposos –de vosotros- en la celebración de su matrimonio para santificarlos, y está con ellos -con vosotros- para ayudarlos -ayudaros- a cumplir vuestros deberes conyugales. El amor de los esposos ha de ser signo e instrumento del amor redentor y salvador, santificador y glorificador, de Cristo a su Iglesia por la que él se entregó hasta morir en la Cruz. Por eso, vuestro matrimonio ha de ser para vosotros fuente y manantial de santificación. Por él y a través de él debéis santificaros viviendo la espiritualidad común del cristiano y la específica de los esposos cristianos caracterizada por el amor y la fidelidad, el sacrificio y el servicio a la vida. F.- El Matrimonio ha de escuchar el clamor de los pobres El amor de los esposos ha de ser un amor generoso y solidario que escuche y acoja el clamor de los empobrecidos, de los sufrientes, de los marginados, de los excluidos. Pero no es suficiente escuchar y acoger; tenéis que dar un paso más. Responded con generosidad a todos los necesitados y, en particular, al grito desgarrador de millones de personas haciéndoos voz de los que no tienen voz para denunciar injusticias y atropellos, haciéndoos grito de tantos seres humanos necesitados y empobrecidos, haciéndoos pan partido para poderos compartir con los necesitados. II.- ¿ES POSIBLE VIVIR ESTE MATRIMOMONIO? Os preguntaréis ¿es posible vivir el matrimonio cristiano? ¿Es posible vivir este amor? Este Amor de Dios nos ha sido revelado y dado en Jesucristo, Nuestro Señor y Salvador, que nos amó con un amor desmedido, hasta morir por nosotros en la Cruz. Del Corazón de Cristo traspasado por la lanza de un soldado, brota su amor a la Iglesia, su esposa, del que participa todo matrimonio cristiano que se convierte así en sacramento de amor, referido a Cristo y a la Iglesia. El amor de Dios ha sido derramado por el Espíritu Santo que se nos ha dado. Os invito a que volváis vuestros corazones y vuestros ojos a Dios que es el fundamento radical, el origen fontal y la fuente inagotable del amor verdadero. Existe este amor y se ofrece a vosotros aquí y ahora. Abrid vuestras almas, acercaos a beber en esa fuente inagotable del amor verdadero que es Jesucristo, el manantial inagotable del amor. Renovad vuestro consentimiento y vuestra entrega ante el Señor y permaneced fieles para siempre. ¡Queridos esposos y padres de familia! Es posible que sintáis alguna vez que este camino es difícil y duro. Es posible que alguna vez flaqueen vuestras fuerzas. Es posible que alguna vez cometáis algún fallo. Si ello ocurriera, no os encerréis en vosotros mismos, hablaros con sinceridad y amor, sabiendo reconocer fallos y debilidades propios, acogeros con sencillez y humildad, hablaros con respeto y comprensión, trataros siempre con respeto y misericordia, pedid ayuda a personas que os quieran y os pueden ayudar; no estéis solos ni os alejéis uno del otro. Tened entrañas de misericordia y de perdón para comprenderos, perdonaros, acogeros siempre… Pedid a la Virgen que, como madre buena, os ayude, os proteja y os atienda siempre. III.- ¡CONFIAD SIEMPRE EN DIOS Que vuestro matrimonio y familia sea lugar de encuentro y de compartición, ámbito de amor y de acogida, espacio de comunión y de solidaridad, camino de espiritualidad, de gracia y de salvación. Terminamos ya. Unidos en la oración Cáceres, 30 de septiembre de 2012. Florentino Muñoz Muñoz