Monday, March 18, 2013

Domingo de Ramos, 24 marzo 2013

DOMINGO DE RAMOS - 2013 1.- Entrada de Jesús en Jerusalén: Evangelio según San Lucas: 19,28-40 Jesús entró en la ciudad de Jerusalén sentado sobre un pollino de borrica, y a su encuentro salió una multitud con ramos de olivos. Lo aclamaron y acogieron. Otros no lo recibieron. Hoy Jesús viene a nuestro encuentro con humildad y sencillez. Acojamos al Señor que se acerca a cada uno de nosotros. Abramos las puertas de nuestro corazón al Señor que llega y llama a nuestra puerta. Es necesario derribar y quitar todo aquello que impide que el Señor entre en nuestro corazón: el pecado y todas sus formas: egoísmos, soberbias, envidias, frivolidades, lujurias, injusticias, desprecio de los demás… Es necesario abrir, como un niño, nuestras manos pobres para dejarnos tomar y coger por las manos de Jesucristo que son misericordiosas y compasivas. Hemos de consentir con agrado que el Señor nos construya de nuevo y nos haga santos. Tenemos que ofrecer signos claros de la misericordia entrañable de Dios que se nos ha mostrado y manifestado en Jesús de Nazaret. La Iglesia tiene que ser cada día más la Iglesia de la misericordia. El principio que explica la vida y a la misión de la Iglesia es el “principio- misericordia”. Nunca lo olvidemos. 2.- Profeta Isaías 50,4-7. El Siervo de Yahvé manifiesta: “No escondí el rostro ante los ultrajes, sabiendo que no quedaría defraudado”. El profeta anuncia que el Siervo de Yahvé sufriría una pasión inmensa, que aceptó sin ocultarse ni huir. Ese Siervo es el mismo Jesucristo. Quedamos sobrecogidos ante la pasión del Señor: desde el huerto de Getseman hasta la cruz en el monte Calvario. Nos sentimos confundidos y sin palabras ante Jesucristo que sufre y experimenta en sí mismo tanto dolor siendo, santo e inocente. ¡Tanto nos amó que entregó su vida por nosotros, para redimirnos y liberarnos del pecado, de la ley y de la muerte!. ¡Señor! Que cuando nosotros suframos, que no perdamos la fe, ni se nos enturbie el amor, ni nos cerremos a los demás. Que vivamos nuestro sufrimiento físico o moral, material o espiritual, unidos profundamente al Señor. El amor ha de transformar nuestro sufrimiento en acontecimiento de gracia. ¡Señor! Que cuando estemos ante una persona que sufre, no nos mostremos indiferentes ni enfadados ante ella; sino que nos acerquemos con sencillez a escuchar su dolor, a acompañarlo en su sufrimiento, a mostrarle la ternura y misericordia que tanto necesita. 3.- Salmo Responsorial 21. “¡Dios mío, Dios mío! ¿Por qué me has abandonado?” Cada vez que decimos y rezamos este grito de Jesús, suena dentro de nosotros como un grito desgarrador que se levanta en medio de la pasión, del sufrimiento, de la crucifixión, de la muerte… Con todo, tengamos presente que este grito de dolor es el comienzo de un salmo de esperanza. Comienza con la experiencia del dolor y termina con un grito de serenidad y de esperanza en Dios. Bajo esta luz hemos de entenderlo y rezarlo. Cuando nos encontremos con el sufrimiento y el dolor propio o ajeno, pidamos al Señor que nos conceda la gracia de decir con sencillez y confianza: “aunque camine por cañadas oscuras nada temo, porque Tú vas conmigo”. Que podamos decir con serenidad y paz: “Sólo Tú, Señor, me haces vivir tranquilo”. El Beato Juan Pablo II dice: “Para poder percibir la verdadera respuesta al “por qué” del sufrimiento, tenemos que volver nuestra mirada a la revelación del amor divino, fuente última del sentido de todo lo que existe. El amor es también la fuente más rica del sentido del sufrimiento, que es siempre un misterio; somos conscientes de la insuficiencia e inadecuación de nuestras explicaciones. Cristo nos hace entrar en el misterio y nos hace descubrir el “por qué” del sufrimiento, en cuanto somos capaces de comprender la sublimidad del amor de Dios” (“Salvifici doloris”, 13). 4.- Carta de San Pablo a los Filipenses 2,6-11: “Cristo se humilló a sí mismo; por eso, Dios lo exaltó”. Meditemos este himno cristológico de San Pablo sin prisas y arrodillado nuestro corazón ante el Señor. Así podremos entender el misterio de Jesucristo. Desde el seno misterioso del Padre, el Hijo inició el camino del descenso hasta hacerse semejante en todo a nosotros menos en le pecado para llegar a ser sumo sacerdote compasivo con nosotros y fiel a la voluntad del Padre. Siendo rico, se hizo pobre y humilde para enriquecernos con su pobreza; y escogió la obediencia dejándose construir y edificar por la voluntad del Padre hasta la muerte en cruz en el Gólgota. Por eso, el Padre lo exaltó y le dio el “Nombre-sobre-todo-nombre” para que toda rodilla se doble ante Él y toda lengua confiese que Jesús es el Señor para gloria del Padre. Cada palabra es un misterio. Cada frase nos sobrecoge. Sólo el amor explica este itinerario de Jesucristo que nos salva. 5.- Evangelio según San Lucas 22. Pasión de Jesucristo. Escuchemos con fe y amor, un año más, la lectura de la pasión de Jesucristo. Cristo se hizo obediente hasta la muerte y una muerte de cruz. En nuestros días, Cristo recorre los pasos y estaciones de su pasión en tantos eres humanos que están clavados a la cruz por el dolor y el abandono, por la soledad y el hambre, por la enfermedad y la exclusión, por la falta de trabajo y de casa, por la persecución y la opresión… Escuchemos el grito de dolor que nos envían estos seres humanos. No cerremos los oídos ante ellos ni tomemos otro camino para evitar encontrarnos de cara con ellos. En ese clamor de los pobres, desvalidos, enfermos, ancianos, abandonados…está presente el grito de Cristo. “Jesucristo no habrá terminado de sufrir hasta que el último de sus hermanos haya dejado de padecer”. Por eso, acerquémonos a los sufrientes para curar sus heridas, cargar con ellos y encargarnos de ellos. Haremos así realidad la Iglesia samaritana. Que el Señor nos bendiga a todos y nos haga bendición para todos. Cáceres, 18 de marzo de 2013 Florentino Muñoz Muñoz

V Domingo de Cuaresma, 17 marzo 2013

HOMILÍA Vº DOMINGO DE CUARESMA - 2013 CICLO “C” 1.- Las Lecturas * Profeta Isaías 43, 16-21. Mirad que realizo algo nuevo y daré a beber a mi pueblo. Isaías anuncia al pueblo la vuelta a su tierra. Dios libera a su pueblo de la esclavitud. Una buena y hermosa que produce inmenso gozo y alegría en el pueblo de Israel. * Salmo Responsorial 128. Los israelitas cantan agradecidos: “El Señor ha estado grande con nosotros y estamos alegres”. También nosotros debemos estar contentos porque el Señor perdona nuestros pecados y nos da su gracia y su misericordia. * Carta de San Pablo a los Filipenses 3,8-14. San Pablo nos refiere su vida: por Jesucristo lo perdí todo, muriendo su propia muerte. Recuerda su pasado lejos del Señor y se reafirma en el nuevo camino que ha emprendido por la gracia de Dios. Pablo sus ojos fijos en el Señor y ya no los apartará de Él nunca. * Evangelio según San Juan 8,1-11. Llevan una mujer pecadora a Jesús. Jesús les dice: “el que esté sin pecado que le tire la primera piedra. Se marcharon todos empezando por los más viejos. Jesús se queda solo con la mujer: la perdona y le dice: “vete y ya no peques más”. 2.- Sugerencias para la homilía 2.1.- Dios es compasivo y misericordioso Hacemos nuestra esta invocación que el salmista dirige a Dios poniendo de relieve que es “compasivo y misericordioso”. Son palabras que apenas si se escuchan en nuestras sociedades, como si hubieran desaparecido de nuestro vocabulario. Son palabras que llenan el corazón humano dándole paz y serenidad, gozo y esperanza. Son palabras que nos invitan y nos mueven a desterrar de cada uno de nosotros el odio y el rencor, la venganza y la violencia. Son palabras que desvelan y revelan el misterio insondable e inefable de Dios. Son palabras que transforman al hombre y al mundo haciéndolos fraternos si de verdad las sembramos en el surco del corazón humano y de la historia. Demos gracias a Dios que nos acoge en la inmensidad de nuestras faltas y pecados, y nos perdona en su infinita misericordia. Gracias, Señor, por el perdón que nos regalas y por la misericordia que nos concedes. “¡Misericordia, Dios mío, por tu bondad; por tu inmensa compasión borra mi pecado”. ¡Señor!, desde lo más profundo de nuestro corazón te suplicamos que nos des un corazón semejante al tuyo. Siembra en nuestras almas el perdón y la misericordia. ¡Señor!, danos un corazón compasivo, es decir, que escuche el grito y el clamor de los pobres y que alivie el dolor y cure las heridas del alma y del cuerpo. Que nunca pasemos ante el herido dándole la espalda ni mostrándonos indiferentes ante su clamor. ¡Señor!, danos un corazón misericordioso que esté atento a los necesitados, a los enfermos, a los abandonados, a los excluidos…para ayudarles, curarlos, alentarlos, acompañarlos… 2.2.- Redescubramos y recibamos el sacramento de la Penitencia Jesucristo instituyó el sacramento de la penitencia para que tuviéramos todos a nuestro alcance su perdón y su misericordia. En nuestro tiempo se frecuenta poco este sacramento; no son muchos los cristianos los que se acercan a confesar sus pecados al sacerdote-confesor en este sacramento de paz y de luz, de vida y de gozo. Es posible que se esté perdiendo la conciencia de pecado y, por tanto, se deja el sacramento del perdón de los pecados. Cada uno verá en su conciencia en qué situación se encuentra, y qué decisión debe tomar para ser consecuente con su fe cristiana. Es posible que se piense que ya no es necesario este sacramento para recibir el perdón de los pecados. Cada uno verá en su conciencia si está en esta situación, y qué decisión ha de tomar. ¡Señor! Te damos gracias por haber instituido este sacramento y haberlo dado a tu Iglesia para que recibiéramos por él el perdón de nuestros pecados. Este sacramento es un signo visible de tu amor, de tu ternura y de tu misericordia para con nosotros. ¡Señor! Ayúdanos a redescubrir este sacramento; danos la luz del Espíritu santo para que descubramos nuestros pecados; concédenos la fuerza necesaria para confesar con sinceridad y con humildad nuestros pecados al sacerdote-confesor en este sacramento. Hagamos un alto en el camino y reflexionemos. Adentrémonos en nuestra conciencia en la que podemos escuchar la voz de Dios que nos habla a cada uno. Cuando nos ponemos en la presencia de Dios descubrimos nuestras faltas y pecados, y sentimos la necesidad del perdón de Dios. Por eso le decimos hoy: “Desde lo hondo a Ti grito, Señor. Señor, escucha mi voz; Estén tus oídos atentos a la voz de mi súplica. Si llevas cuenta de los delitos, ¿quién podrá resistir? Pero de Ti procede el perdón y así infundes respeto” (Sal. 129, 1.2). 2.3.- Por el Señor he dejado todo San Pablo era fariseo y perseguía a la Iglesia y, por tanto, a Jesús:”Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?”. Pero el Señor, en su infinita misericordia, salió a su encuentro y lo cambio radicalmente. Pablo se volvió y se convirtió a Jesús, y ya nunca se apartó de él hasta el punto de decir: “Vivo yo, pero no soy yo, es Cristo quien vive en mí” (Gál.2,20) y hasta morir decapitado por el Señor y por el Evangelio. Pablo dejó su pasado para vivir en el Señor, para los mismos sentimientos de Cristo y para morir en el Señor Todos nosotros somos llamados hoy a dejar para siempre el pecado y vivir en el Señor para siempre. Pensémoslo y respondamos con generosidad y prontitud al Señor. No tardemos más. No lo dejemos para mañana. El Señor nos está esperando. 3.- De la Palabra a la Eucaristía Jesucristo nos ha redimido del pecado, de la ley y de la muerte por su muerte y resurrección. La Eucaristía es el sacramento de su muerte y de su resurrección. Participemos en ella con fe y agradecimiento. 4.- De la Eucaristía a la misión Jesucristo ha entregado su vida por nuestra salvación. Él mismo nos envía al mundo -matrimonio, familia, trabajo, ciudad, pueblo…- para que entreguemos también nosotros nuestra vida por los demás, especialmente por los más pobres y los más necesitados. Terminamos. Unidos en la oración Cáceres. 11 de marzo de 2013 Florentino Muñoz Muñoz

Thursday, February 28, 2013

Tercer Domingo de Cuaresma, 3 marzo 2013

HOMILÍA III DOMINGO DE CUARESMA – 2013 CICLO “C” DÍA DE HISPANOAMERICA. 3-III-2013 Nos unimos a todos los pueblos y naciones de Hispanoamérica en la fe y en la caridad en este día y siempre. Recordamos a todas las Comunidades Cristianas y a sus sacerdotes, a los Religiosos y Religiosas, así como a los fieles laicos. Todos y todas participan con verdadero espíritu cristiano en la vida y misión de la Iglesia del Señor que hace camino con todos esos hermanos y hermanas hacia la Casa del Padre, haciendo suyos los gozos y esperanzas, los sufrimientos y las angustias de todos esos pueblos, y anunciando siempre a Jesucristo, el Hijo de Dios hecho hombre, el Redentor y el Salvador de la humanidad, ya que solo en el Nombre de Jesucristo encontramos la salvación....”Nada hay profundamente humano que no encuentre eco en el corazón de los discípulos de Jesús” (GS 1). Tenemos ante el Señor un recuerdo especial de los Sacerdotes, Religiosos y Religiosas de nuestra Diócesis de Coria-Cáceres que están actualmente en diversos países de América siendo testigos de Jesucristo, ayudando a los necesitados, estando muy cerca de los pobres… Recordamos también a los Sacerdotes, Religiosos y Religiosas que, en otro tiempo, estuvieron evangelizando en esas tierras hermanas y que ya han muerto. Que Dios los haya acogido en su Reino por toda la eternidad. Este domingo es una oportunidad que nos ofrece la Iglesia, en este Año de la Fe, para abrir las puertas de nuestro corazón a la fe y a la llamada misionera; y para estrechar los lazos culturales, sociales, históricos y religiosos con nuestros hermanos de América. 1.- Las Lecturas * Libro del Éxodo 3,1-8a. 13-15. “Yo soy” -Yahveh- me envía a vosotros para sacaros de la esclavitud de Egipto y llevaros a una tierra de libertad y de gozo. Moisés obedece a Dios y regresa a Egipto para pedir al Faraón de Egipto la liberación de su Pueblo. * Salmo Responsorial 102. El Señor es compasivo y misericordioso. Podemos confiar y esperar en Él. Proclamemos hoy y siempre que la misericordia de Dios es ilimitada y eterna para todos los que lo invocan. * Primera Carta de San Pablo a los Corintios 10,1-6.10-12. La vida y el caminar del pueblo de Israel con Moisés en el desierto fue escrita para nuestra edificación. Por eso recomienda a los cristianos comportarnos de forma verdaderamente cristiana en todos los momentos de sus vidas. * Evangelio según San Lucas 13, 1-9. Si no os convertís, todos pereceréis de la misma manera. El Señor nos llama una vez más a la conversión real y verdadera, llevando en adelante una vida santa y agradable a los ojos de Dios. 2.- Sugerencias para la homilía 2.1.- El Señor nos llama a la conversión La Iglesia nos invita de nuevo a convertirnos al Señor. La Cuaresma es tiempo propicio y oportuno para volver a Dios. Los sacerdotes, los padres de familia, los catequistas… hemos de intensificar esta llamada a la conversión, a la santidad e vida. Que nuestras palabras no se queden en lo externo, en lo superficial de las personas y de sus vidas. No nos dé miedo ni vergüenza decir y clamar: “arrepentíos y convertíos, que el Reino de Dios está cerca” (Mc.1,14). Hemos de comunicar a los demás palabras últimas y fundamentales para el ser humano, sin quedarnos en lo inmediato, en lo coyuntural….Hemos de hablar en nuestra sociedad plural de lo esencial para el ser humano que es Dios. Hemos de transmitir a todos los valores morales –verdad, justicia, respeto, misericordia, sinceridad, paz, amor…- que nacen del Evangelio y que tanto enriquecen a las personas y a la misma sociedad. No nos mostremos indiferentes como si esta llamada e invitación que nos hace Jesucristo a través de la Iglesia no fuera para ti, para mí, para todos. Abramos los oídos del alma para escuchar al Señor que nos llama porque nos quiere tanto que murió por todos, también por ti, por mí. 2.2.- ¿En qué consiste la conversión? Os invito a poner los ojos en el hijo pródigo que volvió a casa de su padre pidiéndole perdón…Leamos de nuevo esa historia; pongamos el acento en los grandes momentos o pasos que da el hijo hasta llegar a su Padre. Hagamos un alto en el camino de nuestra vida. Toma en tus manos el Evangelio de San Lucas, y en el capítulo 15 encontrarás esta parábola de la misericordia de Dios. Intenta con la ayuda del Señor hacer el mismo camino que recorrió el hijo pródigo hasta llegar a los brazos de su padre…. Os recuerdo esos pasos: * “recapacitó” en su corazón y pensó…. * “me levantaré e iré a la casa de mi padre” * “se puso en camino * “llegó hasta su Padre que salió a su encuentro… * “el Padre lo abrazó, lo perdonó, le vistió un traje nuevo, le puso el anillo, celebró un banquete de alegría porque su hijo había vuelto a casa…” La conversión implica para todos: * “levantarse de la situación de pecado en que uno pueda encontrarse * “ponerse en camino hacia el Señor * “acoger su perdón y su misericordia…. Alguien podrá preguntarse: todo esto es muy hermoso, pero ¿dónde y cómo se realiza todo esto? Todos lo sabéis muy bien, porque lo habéis vivido: esto se realiza en el sacramento de la Penitencia. El sacramento de la Penitencia es el sacramento de la misericordia y del perdón de Dios para todos. En este sacramento, el Señor a través del sacerdote-confesor nos acoge, nos escucha, nos perdona nuestros pecados, nos da su gracia, nos concede su amistad… Os invito a haceros estas preguntas y otras semejantes: ¿Hace mucho tiempo que no te confiesas? ¿Qué dificultades tienes para confesarte? ¿Cómo vas solucionando estas dificultades? No te encierres en ti mismo. Habla con algún sacerdote….que te pueda ayudar, aconsejar, orientar… 2.3.- La conversión ha de llegar al ser humano en su totalidad. Huyamos de la rutina y del conformismo, como si en nada pudiéramos cambiar. Pidamos al Señor que nos conceda la gracia de una conversión sincera, profunda y de corazón, para que nuestra vida, alimentada por su Palabra y la Eucaristía, responda al don de su amor. Podemos cambiar con la ayuda de Dios para mejor. Intentémoslo con verdad y con alegría. Tratemos de encontrarnos con nosotros mismos y conocernos con toda sinceridad: nuestras luces y nuestras sombras, nuestras virtudes y nuestros pecados. Desde este conocimiento sincero de nosotros mismos podemos iniciar con la ayuda de la gracia divina el camino de vuelta a la Casa de Dios, como lo hizo el hijo pródigo. Podremos experimentar entonces el abrazo misericordioso y compasivo de Dios. No tengamos miedo a cambiar teniendo ante nuestros ojos los mandamientos de la Ley de Dios y las bienaventuranzas de Jesús; en definitiva, al mismo Jesucristo. Él es la referencia que debemos tener ante nosotros mismos al iniciar el camino de nuestra conversión. Dios no quiere la muerte del pecador, sino que se convierta y viva. “Dios quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento pleno de la verdad” (ITim.2,4). Qué noticia tan impresionante, tan hermosa y tan esperanzadora para todos, ¿verdad? Y esta noticia es también para ti. El Señor nos dice hoy a todos, también a ti: “Levántate, coge tu camilla y anda…”. Levantémonos, cojamos nuestra vida para presentársela al Señor en el sacramento de la Penitencia a fin de que Él perdone a través del sacerdote nuestras faltas, nuestros pecados…y podamos llevar en adelante una vida nueva, santa… ¡Tú puedes, con la ayuda de Dios!. ¿A qué esperamos? 3.- De la Palabra a la Eucaristía La Eucaristía es el banquete que el Padre ha preparado para sus hijos. Somos alimentados con el Cuerpo y la Sangre de Jesucristo que son “el pan de la vida eterna” y “el vino de salvación”. Con fe y limpios de pecado mortal acudamos a recibir con humildad, devoción y agradecimiento la Comunión eucarística. 4.- De la Eucaristía a la Misión La Eucaristía nos da fuerzas para realizar la misión evangelizadora. Salgamos al mundo en misión, como nos dijo Jesucristo: “Id al mundo entero y haced discípulos míos a todas las gentes”. No nos mostremos indiferentes ante el dolor humano. Gestionemos de forma responsable todos los dones que Dios nos ha dado pues los bienes de la tierra son dones de Dios al servicio de todos. Colaboremos todos unidos para resolver los problemas de cada día, saliendo así de nuestro egoísmo, insolidaridad… Terminamos. Unidos en la oración Cáceres 24 de febrero de 2013 Florentino Muñoz Muñoz

Thursday, February 14, 2013

Primer Domingo de Cuaresma, 17 febrero 2013

HOMILÍA Iº DOMINGO DE CUARESMA – 2013 CICLO “C” La Cuaresma es “un retiro colectivo de cuarenta días, durante los cuales la Iglesia, proponiendo a sus fieles el ejemplo de Cristo en su retiro al desierto, se prepara para la celebración de las solemnidades pascuales con la purificación del corazón y una práctica perfecta de la vida cristiana” (San León Magno). La Cuaresma comienza con el Miércoles de Ceniza y termina la tarde del Jueves Santo, antes de comenzar la “Misa en la Cena del Señor”. La Cuaresma debe ser un tiempo del año en el que oremos con más frecuencia, leamos y meditemos la Palabra de Dios, nos convirtamos con sinceridad al Señor y seamos más caritativos y solidarios con los más necesitados. ¡No recibamos en vano ni la llamada del Señor ni su gracia!. 1.- Las Lecturas * Libro del Deuteronomio 26, 4-10. Este texto contiene la profesión de fe de Israel, el pueblo elegido por Dios y liberado por Él de la esclavitud de Egipto. * Salmo Responsorial 90: acompáñame, Señor, con tu ayuda en la tribulación y en el sufrimiento para que no sucumba. Esta es la oración que surge en nuestro corazón creyente y confiado en el Señor. * Carta de San Pablo a los Romanos 10, 8-13. San Pablo exhorta a los cristianos de Roma a que perseveren en la fe que han recibido: Jesucristo ha resucitado de entre los muertos y es la fuente de salvación para todos. * Evangelio según San Lucas 4,1-12. El Espíritu Santo fue guiando y llevando a Jesús por el desierto mientras era tentado por el demonio. Jesús rechazó la tentación. ¡Ayúdanos, Señor, a vencer la tentación y a permanecer siempre a tu lado a lo largo de toda nuestra vida. 2.- Sugerencias para la homilía Benedicto XVI nos ha dicho en su Carta “Porta Fidei” que “El Año de la Fe será “un momento de gracia y de compromiso por una conversión a Dios cada vez más plena, para reforzar nuestra fe en él y para anunciarlo con alegría al hombre de nuestro tiempo (…) El Año de la fe es una invitación a una auténtica y renovada conversión al Señor, único Salvador del mundo. Dios, en el misterio de su muerte y resurrección, ha revelado en plenitud el Amor que salva y llama a los hombres a la conversión de vida (…) Gracias a la fe, esta vida nueva plasma toda la existencia humana en la novedad radical de la resurrección” (n.6). 2.1.- ¡Señor, yo creo, pero aumenta mi fe Estas son las primeras palabras que hoy dirigimos al Señor. Somos creyentes, pero nos damos cuenta también de que nuestra fe es débil y se puede desmoronar. No pocos eran practicantes y hoy se han alejado de la Iglesia y de los sacramentos… No pocos, que en otro tiempo eran creyentes, hoy han perdido la fe y viven como si Dios no existiese En un ambiente de increencia, de indiferencia religiosa, de ateísmo… en el que vivimos, debemos tener el valor, la valentía y la decisión de hacernos unas sencillas preguntas porque también nos puede afectar este ambiente: * ¿Creemos de verdad en Dios? * ¿Nos fiamos de Dios? * ¿Cómo es nuestra fe? Sean cuales fueren nuestras respuestas, no dudemos un instante de volvernos al Señor para suplicarle con humildad y confianza: * “¡Señor, yo creo pero mantén mi fe” * “¡Señor, yo creo pero aumenta mi fe” El Señor resucitado saldrá a nuestro encuentro a través de la Iglesia, testigo y transmisora de la fe en el Señor, para invitarnos una vez más a creer en Él y en su palabra. Que nosotros podamos escuchar aquellas palabras de Jesucristo: “Más dichosos los que crean sin haber visto”. 2.2.- Cuidemos nuestra fe El creyente ha de cuidar su fe para no perderla. El peligro de la rutina, superficialidad y abandono de la fe siempre acecha al creyente. Una fe que no se forma, que no se celebra, que no se vive, que no se testimonia tiene el riesgo de desmoronarse, de perderse… A.- Alimentar la fe La fe necesita ser alimentada diariamente sobre todo a través de la escucha de la Palabra de Dios y de la oración porque el hombre está tentado de abandonar. No pocas pérdidas de la fe se deben a que ésta quedó en aquella lejana vivencia de la infancia. En otras cosas, la persona ha ido madurando: afectivamente, culturalmente, profesionalmente, económicamente… pero quizás se sigue siendo un niño en lo tocante a la fe. Es como si pretendiésemos vestirnos o alimentarnos de adultos con aquella ropa o papilla de nuestra más tierna infancia. Una fe que no se forma ni se alimenta se tiene el riesgo de perderla. B.- Celebrar la fe. Debemos celebrar la fe. La fe no es una realidad privada, aunque será siempre personal. La oración, la liturgia y los sacramentos recibidos han de ser celebrados en la fe, han de fortalecer nuestra fe, han de ayudarnos a reconocer y gustar la presencia de Dios entre nosotros. C.- Realizar la misión que nos confía cada sacramento Todo sacramento celebrado y recibido lleva consigo una llamada a la evangelización e implica una misión peculiar. • El sacramento del perdón nos pide perdonar al que nos haya ofendido. • El sacramento de la Eucaristía nos pide entregar la vida por los demás. • El sacramento de la confirmación nos pide ser testigos de Jesucristo en el mundo D.- Testimoniar la fe. Hemos de testimoniar esa Fe. Vivimos en un mundo plural, que, a veces, se muestra hostil con el hecho cristiano por razones muy diversas. Nuestro deber y compromiso es evitar la arrogancia al testimoniar a Jesucristo y el complejo para no anunciarle jamás. El testimonio hoy nos debe mover a la audacia de la nueva evangelización y a dar razón de nuestra fe y de nuestra esperanza a quien nos la pida. “No nos avergoncemos nunca del Evangelio”. 2.3.- Transmitamos la fe Comuniquemos a otros nuestra fe. El Señor nos ha dado la misión de anunciar el evangelio a todos los hombres y mujeres. No guardemos el evangelio para nosotros solos. En el sacramento del bautismo hemos recibido la luz de Cristo para ser en el mundo luz de Cristo. No guardemos esta luz bajo de la mesa, sino pongámosla en la mesa para que alumbre a todos. Así hemos de hacer con el Evangelio de Jesucristo. ¿Qué estamos haciendo con la luz del evangelio? ¿La estamos guardando para nosotros solos? ¿Iluminamos las tinieblas del pecado, de la injusticia, de la maldad, de la mentira con la luz de Cristo? ¿Anunciamos a Cristo, la verdadera luz del mundo? 3.- De la Palabra a la Eucaristía En el corazón de la Eucaristía, con la Iglesia universal proclamamos con fe y amor: este es el sacramento de nuestra fe. Anunciamos tu muerte, proclamamos tu resurrección ¡Ven, Señor Jesús! 4.- De la Eucaristía a la Misión Con la fuerza que nos da la participación en el banquete eucarístico y las ascuas encendidas del Espíritu, salgamos al mundo a anunciar a Jesucristo a todos. “Id, y haced discípulos míos a todas las gentes…”. No nos quedemos en casa; hemos de ir a las plazas, a las calles, a las encrucijadas de la historia, a los nuevos escenarios de la evangelización, y ser aquí testigos del Señor por el testimonio de nuestra vida, por la palabra, por el servicio de la caridad… Abramos también el “atrio de los gentiles” en este tiempo de la nueva evangelización. Jesucristo es el único Redentor y Salvador del mundo. Él es el Hijo de Dios hecho hombre. Terminamos. Unidos en la plegaria. Cáceres, 12 de febrero de 2013 Florentino Muñoz Muñoz

V Domingo del Tiempo Ordinario, 10 de febrero 2013

HOMILÍA Vº DOMINGO TIEMPO ORDINARIO -2013 CICLO “C” VIERNES 8 DE FEBRERO DÍA DEL AYUNO VOLUNTARIO La Iglesia nos invita de manera especial en este día a realizar un ayuno voluntario de todo aquello que se opone a la escucha del clamor de los pobres, a acercarnos a ellos con profundo amor y compasión, a curar sus heridas con el bálsamo de la caridad, a cargar con ellos y a encargarnos de ellos como el Buen Samaritano. Dejemos atrás el egoísmo que sólo piensa en uno mismo; Rechacemos la codicia y la avaricia que buscan sólo tener más y más… Desprendámonos de tantas cosas que no necesitamos… Prescindamos de lo que nos impide escuchar el grito de los pobres y ayudarlos… DOMINGO 10 DE FEBRERO CAMPAÑA CONTRA EL HAMBRE “No hay justicia, sin igualdad” Todos, hombres y mujeres, tenemos una misma dignidad y, unidos, hemos de colaborar en la construcción de la civilización del amor que comienza por el respeto a toda vida humana y a todo ser humano. Hemos de promover la igualdad entre el hombre y la mujer. “Manos Unidas” trabaja por la igualdad y la autonomía de la mujer y defiende que el hombre y la mujer tienen la misma dignidad porque han sido creados por Dios a su imagen y semejanza (cf. Gn.1,26-27). La dignidad de la persona exige que se llegue a una situación social más humana y más justa y a la defensa efectiva de los derechos fundamentales, universales, inviolables, inalienables e indivisibles, recogidos en la Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948. “Una gran parte de la humanidad sufre hambre y miseria, y son muchedumbre los que no saben leer ni escribir. Nunca ha tenido el hombre un sentido tan agudo de su libertad, y entre tanto surgen nuevas formas de esclavitud social y psíquica” (GS 4) “Los bienes de la tierra deben llegar a todos en forma justa, bajo la égida de la justicia y con la compañía de la caridad” GS 49. La colecta que realizamos hoy la ofrecemos a “Manos Unidas” para la realización de proyectos que ayudan a un desarrollo más integral de los pueblos necesitados y pobres. Participemos en ella ofreciendo nuestra aportación para ayudar a los necesitados. 1.- Las Lecturas * Profeta Isaías 6,1-2a.3-8. Isaías confiesa su incapacidad e indignidad ante la grandeza y santidad de Dios que se le manifiesta. Dios lo purifica y lo envía a ser presencia y palabra suya entre los hombres. * Salmo Responsorial 137. Delante de los ángeles, tañeré para ti, Señor, y alabaré tu Nombre por siempre. Alabemos también nosotros a Dios con corazón limpio y labios sinceros * Primera carta de San Pablo a los Corintios 15,1-11. Pablo transmite el kerigma: Cristo ha muerto por nuestros pecados y ha resucitado para nuestra justificación. Este el contenido fundamental del anuncio cristiano que también nosotros debemos comunicar a los demás. * Evangelio según San Lucas 5,1-11. Pedro siente su incapacidad e indignidad ante la grandeza de Jesús dominador de la naturaleza y recibe el envío. Los discípulos, dejándolo todo, lo siguieron. También nosotros debemos sentirnos humildes ante la llamada del Señor. El Señor acoge a los humildes y resiste a los soberbios. 2.- Sugerencias para la homilía En los domingos anteriores hemos meditado sobre la escucha de la Palabra de Dios y sobre la transmisión de esta Palabra a los demás. En este domingo, la Iglesia nos invita a considerar y meditar la vocación de tres personas: Isaías, Pablo y Pedro. A la luz de ellas somos llamados a redescubrir la vocación de cada uno, a identificarnos con ella y a vivirla con autenticidad. 2.1.- El Señor es quien llama Lo primero que debemos redescubrir es que la vocación es un don y una gracia divina. El Señor es quien por puro amor y gracia nos ha elegido y nos ha llamado. “No sois vosotros los que me habéis elegido a Mí; he sido yo quien os he elegido y os he llamado para que deis fruto y vuestro fruto dure”. Por eso nuestra primera invitación es que reconozcamos que nuestra vocación es gracia inmerecida. Agradezcamos este inmenso don a lo largo de nuestra vida. Hemos sido conocidos y amados por Dios desde toda la eternidad. Dios pensó en ti, en mí, en todos desde siempre. Nuestros nombres están escritos en el corazón de Dios desde siempre. Dios nos amó “con caridad eterna”. No echemos en saco roto la gracia y el amor de Dios. 2.2.- El Señor nos ha llamado a cada uno con una vocación especial El Señor llama a cada uno para seguirlo por un “camino” especial: a unos, al matrimonio; a otros, a la vida consagrada; a otros, al sacerdocio… Hagamos nuestra la vocación que hemos recibido; identifiquémonos con ella y vivamos en conformidad con sus exigencias. De este modo tendremos siempre paz y gozo, aun en medio de las dificultades que podamos encontrar en la vivencia auténtica y en realización verdadera de nuestra vocación o estado de vida. Agradezcamos al Señor que nos haya dado una vocación especial a cada uno y supliquémosle que nos ayude siempre a vivirla con autenticidad y a perseverar en ella a lo largo de toda nuestra vida. 2.3.- Perseveremos en la vocación que hemos recibido La vocación es un don de Dios. Todos, - esposos, religiosos, sacerdotes-, debemos protegerla y cuidarla con esmero y amor. Para ello contamos siempre con la ayuda de la gracia divina ya que “nada podemos hacer sin la ayuda del Señor”. La gracia de Dios no anula nuestro trabajo siempre bajo la influencia de esta gracia. Por eso nos preguntamos ahora: ¿qué medios debemos emplear para perseverar en nuestra vocación? Sin ánimo de enumerar todos y cada uno de estos medios, les recuerdo los siguientes: * Alejarnos de todo aquello que pueda hacernos desistir de nuestra vocación: la infidelidad, la mediocridad, la superficialidad, el pecado… No nos expongamos a perder nuestra vocación. Jesús nos dijo: “velad y orad”. * La oración continua nos ayudará a guardar nuestra vocación en el corazón y en la existencia pues la perseverancia es un don de Dios que debemos pedir todos los días. * El acompañamiento espiritual es otro medio que nos ayudará a perseverar en la vocación a la que hemos sido llamados. Dejémonos ayudar, aconsejar, acompañar, corregir…por otro hermano sacerdote. * Los sacramentos nos ayudan a mantenernos en el seguimiento fiel de Jesús y en nuestra vocación especial. Participemos en ellos de forma consciente, activa y fructuosa huyendo de la inercia, de la rutina. * La lectura espiritual ha de configurar y renovar nuestra mente y nuestros criterios para que no se dejen guiar por los pensamientos y los gustos del mundo…En este Año de la Fe, el Papa Benedicto XVI nos ha aconsejado que leamos los documentos del Concilio Vaticano II y el Catecismo de la Iglesia Católica. * La observancia de las bienaventuranzas de Jesús ya que henos sido llamados, cada uno en su estado de vida propio, a seguir a Jesús poniendo nuestros pies desnudos y sin protección en las huellas que Jesús dejó a su paso por este mundo y que son las bienaventuranzas. 2.4.- Demos frutos de vida y santidad La gracia no destruye la naturaleza humana sino que la perfecciona. Por otra parte, digamos también que los dones de Dios se convierten en nuestras manos en tareas que debemos realizar. Además el Señor nos ha dado a cada uno unos “denarios” o “dones, carismas…” y quiere que los hagamos fructificar en nuestra vida. Nos ha dado la palabra para que la compartamos con los demás Nos ha dado la fe para que la comuniquemos a los demás Nos ha dado el pan de cada día para que lo compartamos con los necesitados, los pobres, los hambrientos… Nos ha dado la vida para que la gastemos para gloria de Dios y servicio de los demás. “Una fe sin obras es fe muerta” (Santiago) “La fe actúa por la caridad” (San Pablo) Nuestro Plan pastoral diocesano dice: “transmitamos la fe viviendo la caridad”. 3.- De la Palabra a la Eucaristía Jesús se hace “pan partido” para poder compartirse y repartirse con todos. Imitemos al Señor y hagámonos también nosotros pan partido para podernos compartir y repartir con los necesitados. 4.- De la Eucaristía a la Misión Hemos comulgado con el Cuerpo de Cristo entregado por nosotros; hemos comulgado con la Sangre de Cristo derramada por todos…También nosotros hemos de entregar nuestra vida por los demás, especialmente por los más necesitados, por los excluidos, por los olvidados, por los empobrecidos… Terminamos. Unidos en la oración Cáceres 3 de febrero de 2013 Florentino Muñoz Muñoz

Saturday, February 2, 2013

IV Domingo del Tiempo Ordinario, 3 febrero 2013

HOMILÍA IV DOMINGO TIEMPO ORDINARIO – 2013 CICLO “C” 1.- Las Lecturas * Profeta Jeremías 1,4-8. 17-19. Dios elige por amor y constituye por gracia a Jeremías profeta de las naciones para que anuncie el mensaje divino, aun en medio de persecuciones y sufrimientos..Ejemplo para nosotros llamados a ser profetas de Dios en el mundo. * Salmo responsorial 70. Mi boca cantará tu salvación, Señor. Proclamemos también nosotros la salvación de Dios a los demás. No nos avergoncemos ni nos cansemos nunca de ser testigos de Dios en medio de los hombres ni de anunciar las maravillas que ha hecho en favor nuestro.. * Primera Carta de San Pablo a los Corintios 12,31-13,13. Quedan la fe, la esperanza y el amor. La más grade es el amor. Pidamos al Espíritu santo que infunda en nuestros corazones la caridad para que podamos construir la civilización del amor en el mundo. * Evangelio según San Lucas 4,21-30. Jesús como Elías y Eliseo, no es enviado sólo a los judíos. Su misión es universal y alcanza a todos los pueblos y naciones de la tierra. También nosotros somos enviados a todos los pueblos de la tierra para hacer discípulos de Jesús a todas las gentes. 2.- Sugerencias para la homilía 2.1.- Somos miembros de la Iglesia, pueblo profético Recordemos las enseñanzas del Concilio Vaticano II que dice: “El pueblo santo de Dios participa también del don profético de Cristo, difundiendo su vivo testimonio sobre todo por la vida de fe y de caridad, ofreciendo a Dios el sacrificio de la alabanza, el fruto de los labios que bendicen su nombre (cf. Heb.13,15)”. Hermoso texto con un contenido claro y preciso sobre el profetismo del Pueblo de Dios que mere ser desentrañado. * El pueblo de Dios participa del don profético de Jesucristo. Esto significa que somos profetas no por cuenta propia ni por nuestra ciencia y menos por nuestro poder, sino como signos e instrumento de Cristo profeta. Por eso, hemos de conocer bien a Jesucristo y, en este caso, como profeta por quien el Padre nos ha revelado su misterio insondable y su designio de salvación para la entera humanidad. * No olvidemos que el profeta es la persona llamada y elegida por Dios. Es la persona que experimenta a Dios y acepta su palabra; que cumple la misión que Dios le ha confiado; que no se descorazona, ni se desanima ante las dificultades, las persecuciones, la muerte ya que está dispuesto a dar su vida por el Señor; que escucha y medita primero la Palabra de Dios y luego la proclama. ¿Tenemos conciencia de que somos miembros del un pueblo de profetas? ¿Actuamos de este modo nosotros? * Hemos de difundir en el mundo entero y hemos de transmitir a todos el anuncio de Jesucristo ya que “no hay evangelización en sentido propio y estricto si no se anuncia el misterio de Jesucristo, el Hijo de Dios hecho hombre y el Redentor y Salvador de la humanidad” (Pablo VI, “Evangelii Nuntiandi”). Nuestra predicación no debe ser sólo ética, moralizante; debe ser teológica y cristológica; debe ayudar a las personas a creer en Dios y a recuperar la alegría de ser creyentes. 2.2. ¿Cómo hemos de anunciar a Jesucristo? - Por la vida de fe. En este Año de la fe debemos preguntarnos sobre la calidad de nuestra fe, sobre la vivencia de nuestra fe, sobre el testimonio de nuestra fe y sobre la celebración de nuestra fe. Tengamos presente que una fe que no se forma, que no se celebra, que no se vive, que no se testimonia, que no se reza tarde o temprano esta fe puede devaluarse, desmoronarse, perderse…El Catecismo de la Iglesia Católica tiene cuatro partes que son: la fe profesada, la fe celebrada, la fe vivida y la fe orada. Recordémoslo. - Por la vida de caridad. Nunca olvidemos que la fe actúa por la caridad” (San Pablo); y que “una fe sin obras es una fe muerta” (Santiago). La fe y la caridad se exigen mutuamente, se reclaman, se complementan. Benedicto XVI nos dice que “la fe sin la caridad no da fruto y la caridad sin la fe sería un sentimiento constantemente a merced de la duda. La fe y el amor se necesitan mutuamente, de modo que una permite a la otra seguir su camino” (Porta Fidei, 14). “Anunciemos el evangelio por el ejercicio de la caridad”. ¡Mirad cómo se aman!. - Por el ofrecimiento a Dios del sacrificio de alabanza. La fe tiene también una dimensión de alabanza, de acción de gracias al Padre por Jesucristo en el Espíritu Santo. Alabar a Dios, cantar sus maravillas, bendecir su Santo Nombre por todas las edades y generaciones. Dar gracias a Dios es reconocer que lo que somos y tenemos es un don del amor de Dios porque “¿qué tienes que no hayas recibido?, y si lo has recibido ¿por qué te glorías como si fuera tuyo?”. “Todo es gracia”, decía San Agustín. Que la alabanza divina nazca y brote de lo más profundo de nuestro corazón purificado por el Espíritu de Dios y sea expresada y cantada por nuestros labios purificados por la gracia divina. Que durante todo el tiempo que me quede de vida, yo te diga gracias, Señor. 2.3.- No nos avergoncemos del Evangelio Como San Pablo, hemos de decir siempre con palabras y con obras: “no me avergüenzo del Evangelio por el que llevo cadenas”. Nunca escondamos el Evangelio aunque algunos no lo acepten ni lo acojan. No tengamos miedo a lo que puedan pensar otras personas de nuestra condición de creyentes, de cristianos, de católicos, de sacerdototes…Permanezcamos fieles al Señor aunque tengamos que pasar por el sufrimiento, la persecución, la muerte… El que persevere hasta el final se salvará… 2.4.- Participemos todos en la nueva evangelización Todos y cada uno de los bautizados en Cristo hemos de participar en la realización de la nueva evangelización con el don, carisma o ministerio que el Espíritu Santo nos haya dado “para común utilidad”, “para la edificación de la Iglesia”, “para la misión”. Nadie debe quedarse ocioso, indiferente…ante la misión. Los fieles laicos sabéis muy bien que vuestro apostolado tiene como fundamento los sacramentos del bautismo y de la confirmación. El Concilio Vaticano II enseña que “los cristianos seglares obtienen el derecho y la obligación del apostolado por su unión con Cristo Cabeza. Ya que, insertos por el bautismo en el Cuerpo místico de Cristo, robustecidos por la confirmación en la fortaleza del Espíritu Santo, son destinados al apostolado por el mismo Señor. Se consagran como sacerdocio real y gente santa (cf. IPet. 2,4-10) para ofrecer hostias espirituales por medio de todas sus obras y para dar testimonio de Cristo en todas las partes del mundo” (AA 3). Recordad, hermanos, que “la nueva evangelización no se hará sin la participación de los laicos”. Por eso os animo a que os hagáis presentes en los nuevos escenarios de la nueva evangelización: política, economía, medios de comunicación social, investigación científica, emigración….para transformarlos y hacerlos plataformas y lugares desde los cuales se pueda anunciar el Evangelio de Jesucristo. 3.- Desde la palabra a la Eucaristía El anuncio de la Palabra llega a su plenitud en este mundo en la Eucaristía donde se hace presente real, verdadera y substancialmente la Palabra Eterna del Padre, Jesucristo. Acojámosla con fe, devoción y amor; evitemos todo signo de rutina y de inercia en la celebración eucarística.. 4.- De la Eucaristía a la Misión Salgamos en misión. Anunciemos a Jesucristo a todos los hombres con nuevo ardor, con nuevas expresiones, con ilusión y entusiasmo… Con la fuerza del Espíritu seamos los testigos del Señor delante de todos. Terminamos. Unidos en la plegaria y en la oración. Cáceres, 28 de enero de 2013 Fiesta de Santo Tomas de Aquino Florentino Muñoz Muñoz

Monday, January 28, 2013

Tercer Domingo del Tiempo Ordinario, 27 enero 2013

HOMILÍA IIIº DOMINGO TIEMPO ORDINARIO – 2013 CICLO “C” Jornada Mundial de la Infancia Misionera Estamos celebrando el 170 aniversario de la Infancia Misionera, que este año lleva como lema: CON LOS NIÑOS DE EUROPA ACOGEMOS A TODOS COMO JESÚS”. ACOGEMOS a todos * Acogemos a TODOS porque somos católicos, sin fronteras. * Acogemos a TODOS porque a pesar de las razas y clases sociales, somos hermanos. * Acogemos a TODOS porque queremos AMAR como Jesús. REZAMOS por todos, porque hay muchos niños que sufren las consecuencias de la violencia, la explotación, el hambre. * Rezamos por todos los niños que no han oído hablar de Jesús, que es la mayor riqueza para la humanidad. * Junto a todos los niños del mundo, queremos unirnos alrededor del altar, para expresar la alegría de ser hijos de Dios. ESCUCHAMOS el clamor de dolor y sufrimiento que vine de tantos niños que hoy mismo están sufriendo y muriendo a causa de: - el hambre. - las deportaciones por la guerra - la explotación de muchos niños en trabajos inhumanos - la falta de escuela para tantos niños - la falta de anuncio del Evangelio…… PROCURAMOS AYUDAR a los necesitados, excluidos, marginados, empobrecidos. Pero preguntémonos ¿hasta dónde ayudamos? ¿dónde está nuestro hermano? ¿qué estamos haciendo con nuestro hermano necesitado? Mientras tanto, ¿qué se hace en el mundo? No pocas Instituciones, Organismos…siguen discutiendo sobre el modo de resolver estos problemas y situaciones dramáticas, y dejan que pase el tiempo…y no se responde a este dolor. Se olvida con demasiada frecuencia que El buen Samaritano escucha el grito de dolor del herido, se acerca a él, cura sus heridas, carga con él y se encarga de él…¿Somos de verdad la Iglesia samaritana? 1.- Las Lecturas * Profeta Nehemías 8,2-4a. 5-6. 8-10. Esdras convoca a la Comunidad judía para que escuche la Palabra de Dios y haga fiesta. También resonará hoy la Palabra de Dios entre nosotros. Escuchémosla con fe y acojámosla con alegría.. * Salmo Responsorial 18. Tus palabras, Señor, son espíritu y vida. Hagamos nuestras estas palabras del salmista. Necesitamos que la Palabra de Dios infunda en nosotros la vida de Dios. * Primera Carta de San Pablo a los Corintios 12,12-30. Vosotros sois el Cuerpo de Cristo y cada uno es un miembro. Formamos una gran Familia. El Espíritu Santo ha dado a cada uno de nosotros un carisma, un don o un ministerio que hemos recibido para ponerlo al servicio de la misión de la Iglesia. * Evangelio según San Lucas 1,1-4; 4,14-21. En la sinagoga de Nazaret, Jesús lee un texto de Isaías y afirma que las promesas anunciadas por este profeta, en el pasado, se cumplen hoy en Él. Han llegado los tiempos mesiánicos con Jesús y en Jesús 2.- Sugerencias para la homilía 2.1.- Transmitamos la Palabra de Dios Esta es la primera llamada que nos hace el Señor en este domingo y que la Iglesia nos recuerda. Nuestros padres y nuestros catequistas nos entregaron la Palabra de Dios. Nosotros debemos transmitirla también a los demás. Lo que hemos escuchado y recibido lo debemos transmitir a los demás. Así lo hizo San Pablo: “he recibido una tradición que viene del Señor y que a mi vez yo os la transmito” (ICort.11; ICort.15). Muchos ya no han oído hablar del Señor porque nadie se lo anuncia. Muchos no conocen al Señor porque nadie se lo ha anunciado. No olvidemos que el fundamento de toda espiritualidad cristiana auténtica y viva es la Palabra de Dios anunciada, acogida, celebrada y meditada en la Iglesia. En este Año de la fe, uno de cuyos objetivos fundamentales es transmitir la fe, debemos preguntarnos si de verdad estamos transmitiendo la fe y cómo la transmitimos. ¿Las familias cristianas están siendo lugar de transmisión de la fe? ¿Los padres cristianos están comunicando la fe a sus hijos? ¿Proponen estos padres la vocación sacerdotal o religiosa a sus hijos? Pensemos en estos interrogantes y demos una respuesta a los mismos. La Nueva evangelización nos invita a ser transmisores de la Palabra de Dios, sin avergonzarnos nunca del Evangelio de Jesucristo.. La Nueva evangelización invita, de manera especial, a los fieles laicos a hacerse presentes en los nuevos escenarios: política, economía, medios de comunicación, cultura, ciencia… Se nos pide hoy saber leer y descifrar estos nuevos escenarios, que en las últimas décadas han surgido dentro de la historia humana, para estar presentes en ellos y transformarlos en lugares de testimonio y de anuncio del Evangelio... La nueva evangelización no se hará sin los laicos. 2.2.- Llamada y ruego a los catequistas ¡Queridos catequistas! Gracias por vuestra entrega y vuestro servicio generoso y desinteresado. Todos os agradecemos vuestro trabajo en la transmisión y educación de la fe. También los padres que os confían a sus hijos os lo agradecen. Quiero confiaros, en este tiempo de “nueva evangelización” y dentro del “Año de la fe”, estas recomendaciones y peticiones: * No os canséis nunca de realizar esta misión y tarea que el Señor os ha confiado a través de la Iglesia. ¡No abandonéis la catequesis!. Muchos niños, adolescentes, jóvenes…están pendientes de vuestra presencia, de vuestra entrega, de vuestra generosidad, de vuestra palabra y de vuestro testimonio…Seguid anunciándoles a Jesucristo con nuevo ardor, con las ascuas encendidas del Espíritu, con nuevas expresiones, con nuevos métodos…y siempre en comunión con la Iglesia. * Perseverad en vuestra tarea eclesial -verdadero ministerio- aunque os sea difícil en estos tiempos. El Señor está a vuestro lado y nunca os abandona. Contad también con el apoyo, el aliento y la ayuda de los sacerdotes, de la comunidad cristiana, de las familias cristianas… * Acentuad el carácter kerigmático y destacad la inspiración catecumenal de la transmisión de la fe. De igual modo os ruego que reviséis los itinerarios de la iniciación cristiana. Benedicto XVI nos dice que “el Año de la fe deberá expresar un compromiso unánime para redescubrir y estudiar los contenidos fundamentales de la fe, sintetizados sistemática y orgánicamente en el Catecismo de la Iglesia Católica” (Porta Fidei, 11). * Tened siempre presente que debéis anunciar a Jesucristo por la calidad evangélica de vuestra vida, por la autenticidad de vuestra participación en la Eucaristía y en los sacramentos, por el anuncio del Evangelio, por vuestra ayuda a los necesitados y a los pobres, por la seriedad de vuestros compromisos con los problemas de la humanidad: la paz, la justicia, la libertad… Benedicto XVI nos dice a todos: “la nueva evangelización requiere trabajadores humildes y generosos que no piden otra recompensa que la de participar en la misión de Jesús y de la Iglesia” (Homilía en la Santa Misa de clausura del Congreso de Nuevos Evangelizadores. Roma. 16-X-2011). 3.- De la Palabra a la Eucaristía En este Año de la Fe, el Santo Padre Benedicto XVI nos invita a volver nuestros ojos al Concilio Vaticano II y al Catecismo de la Iglesia Católica. Por eso, en este apartado les propongo este texto conciliar tomado del Decreto “Sobre el ministerio y la vida de los presbíteros”: “Los demás sacramentos, al igual que todos los ministerios eclesiásticos y las obras del apostolado, están unidos con la Eucaristía y a ella se ordenan. Pues en la sagrada Eucaristía se contiene todo el bien espiritual de la Iglesia, es decir, Cristo en persona, nuestra Pascua y pan vivo, que, por su carne vivificada y que vivifica por el Espíritu Santo, da vida a los hombres, que de esta forma son invitados y estimulados a ofrecerse a sí mismos, sus trabajos y todas las cosas creadas juntamente con Él. Por lo cual, la Eucaristía aparece como fuente y cima de toda evangelización (…) Es, pues, la celebración eucarística el centro de la congregación de los fieles que preside el presbítero” (PO 5). 4.- De la Eucaristía a la Misión También en este apartado les ofrezco un texto conciliar tomado del mismo decreto que acabamos de citar. Dice así: “El pueblo de Dios se reúne, ante todo, por la palabra de Dios vivo, que con todo derecho hay que esperar de la boca de los sacerdotes, pues como nadie puede salvarse si antes no cree, los presbíteros, como cooperadores de los Obispos, tienen como obligación principal el anunciar a todos el Evangelio de Cristo, para constituir e incrementar el pueblo de Dios, cumpliendo el mandato del Señor: “Id por todo el mundo y predicad el Evangelio a toda criatura” (Mc.16,15). Porque con la palabra de salvación se suscita la fe en el corazón de los no creyentes y se robustece en el de los creyentes, y con la fe empieza y se desarrolla la congregación de los fieles, según la sentencia del Apóstol: “La fe viene por la predicación, y la predicación por la palabra de Cristo” (Rm.10,17)” (PO 4). Terminamos. Unidos en la oración Cáceres 21 de enero de 2013 Florentino Muñoz Muñoz