(Jer 31, 31-34; Heb 5, 7-9; Jn 12, 20-33)
Durante la Cuaresma, por medio de nuestros ejercicios espirituales, recibimos la gracia de renovarnos y profundizarnos en cuatro áreas de nuestra vida Cristiana; 1.) La fe; 2.) la conversión; 3.) el culto; y 4.) el servicio. La fe nos reune como una comunidad cristiana; nuestro encuentro con Cristo en Su Palabra y Su Eucaristia nos da gozo y alegria y nos hace crecer y mejorar nuestra vida; nuestro culto renueva con el Padre Dios la alianza santa eterna establecida por el sacrificio del Cuerpo y Sangre de Cristo que ofrecemos unido con el sacrificio de nuestras propias vidas; y desde esta santa Misa somos enviados a dar testimonio del amor misericordioso y sin limites en un servicio generoso a nuestro projimo y a los mas necesitados - fe, conversion, culto y servicio
En el desierto, una de las tentaciones que Cristo vencio por nosotros y nuestra salvación era la tentación del diablo de no adorar y glorificar a Dios y rendirle culto debido en el espíritu y verdad. Dice esta tentación en Mt 4, 8f: "El diablo lo llevo (a Cristo) a un monte muy alto, y le mostró todos los reinos del mundo y su gloria y le dijo: 'Te daré todo esto, si postrándote, y me adoras'. Entonces, Jesús le respondió: 'Apártate, Satanás, porque esta escrito: 'Al Señor tu Dios adoraras y a El solo servirás."
Recordamos también cuando dijo Jesús: "Yo no he venido a quitar la Ley y los Profetas'... refiriendo a los diez mandamientos, " sino que darles su plenitud y llevarlos en practica,"
Y los primeros tres mandamientos tocan poniendo Dios primero en nuestra vida, adorándolo y amándolo de todo corazón. "Yo soy el Señor tu Dios. No tendrás otros dioses frente a Mi. No te harás ídolos. No te postraras ante ellos, ni les darás culto. No pronunciaras el nombre de Dios en vano. Santificaras el Día del Señor. Durante seis días trabaja y haz tus tareas, pero el día séptima es un día de descanso dedicado y santificado al Señor."
Rechazando el diablo y su tentación en el desierto, Jesús nos enseña por Su ejemplo como ser responsables y fieles a Dios y nuestro compromiso bautismal por aguardar y cumplir los preceptos de la Ley y ofrecer nuestro culto de adoración cada semana en la Santa Misa.
La obra mas principal y mas importante en nuestra vida cristiana como miembros de la Iglesia y pueblo de Dios es: ofrecer culto en el espíritu y verdad y celebrar la Santa Misa - el sacrificio y banquete Eucarístico del Cuerpo y Sangre de Cristo que Cristo mismo nos mando a celebrar y continuar en Su memoria. Todo lo que somos y todo lo que hacemos como cristianos procede de la Eucaristía como su origen y principio y a la Eucaristía vuelve como a su meta y fin. La fe nos reúne como una comunidad
Sobre la Eucaristía, el Concilio de Vaticano Dos nos ha dicho que; "La Eucaristia es la origen y cumbre de la vida cristiana que contiene toda la riqueza espiritual de la Iglesia: Cristo mismo, nuestra Pascua, el Pan Vivo, el Sacramento del Altar en el que descubrimos la plena manifestación de Su amor generoso y misericordioso, sin limites."
En la Santa Misa Jesucristo es nuestro Sumo Sacerdote y nosotros, los ministros y el pueblo, compartimos en diferentes maneras, en este único sacerdocio de Cristo, ofreciendo todo lo que somos, nuestras oraciones, buenas obras, anhelos y esperanzas y pidiendo por todo lo que necesitamos para nosotros y para los demás. Cristo también es el Sacrificio y la Victima, y nosotros también participamos en este mismo y único sacrificio que nos salva cuando colocamos en el mismo cáliz con la Sangre de Cristo, nuestros propios dolores, penas, sufrimientos y sacrificios, y los ofrecemos por medio del sacerdote al Padre Eterno en reparación de nuestros pecados y para la salvación del hombre. En la santa Misa, Cristo mismo es nuestro único Mediador que renueva entre nosotros y la Santísima Trinidad, la alianza santa y eterna sellada en Su Preciosísima Sangre y nosotros participamos en esta obra de Su amor, repitiendo: "aquí estoy Señor para hacer Tu voluntad, hágase en mi según Tu Palabra. Y en la Santa Misa Cristo es el Pan que nos une como comunidad de hermanos y nos alimenta para dar testimonio de Su amor en servicio generoso a los demás.
Muchos han perdido el verdadero sentido y gran valor de la Santa Misa, separando su vida de fe de su vida diaria y ordinaria. No vienen a Misa a dar culto en espíritu y verdad. No han rechazado las tentaciones del mundo y diablo. Sus corazones y almas están cerrados a la gloria y amor de Dios. Recemos por esas personas. Pedimos fervorosamente que Dios que escribe Su santa Ley, como dice la primera lectura, en el corazón del hombre y recrea los corazones para que sean corazones humanos y naturales, no duros como piedras, toque el corazón de esos hombres, mujeres, jóvenes y niños, para que vean la gloria de Dios en sus vidas, rechacen las tentaciones del diablo, quiten los ídolos de sus vidas, vivan sus promesas bautismales, y den gloria, alabanza y adoración al Señor en un verdadero culto en espíritu y verdad de su fe Católica.
La Virgen Santísima es nuestro modelo en ofrecer culto a Dios en espíritu y la verdad y en vivir la Eucaristía como el centro de su vida. En este tiempo de gracia, de la Cuaresma que todos nosotros recobremos el sentido y valor de la Santa Misa y la Eucaristía como centro de nuestras vidas, de nuestras familias, comunidad y parroquia. Y que toda nuestra vida sea una oración viva y constante de adoración, acción de gracias, reparación y petición a Dios Padre eterno por medio de Su Hijo Jesucristo en la Santa Eucaristía y el Santísimo Sacramento del Altar!
Sunday, March 25, 2012
Sunday, March 18, 2012
Cuarto Domingo de Cuaresma, 18 marzo 2012
(Cron 36, 14-16, 19-23; Efes 2, 4-10; Jn 3, 14-21)
En el Evangelio de la Misa, vino de noche a ver a Jesus, un hombre llamado Nicodemo para preguntarle: "Como puede recibir una nueva vida a un hombre siendo ya viejo. puede entrar otra vez el seno de su madre y nacer?" Jesús. tomando la palabra, comenzó a ensenarle sobre el don de la fe y la nueva vida que recibimos por el agua y el Espíritu Santo en el Bautismo, y el poder del sacrificio de Su Cuerpo y Su Sangre que El tenia que ofrecer en la muerte de la Cruz por la salvación de los hombres.
Que lo mismo que Moisés elevo la serpiente en el desierto para la salvacion y sanacion de los Israelitas, así tiene que ser elevado el Hijo del hombre para que todo el que cree en El tenga vida eterna. Pues "tanto amo Dios al mundo, que entrego Su Hijo único para que no perezca ninguno de los que creen en Él, sino que tengan vida eterna," dice la segunda lectura
Cuando miramos a Cristo en la cruz, miramos la grandeza del amor de Dios que se sacrifico para rescatarnos y perdonarnos de nuestros pecados, reconciliarnos con El y por Sus santas llagas curar las heridas de nuestras vidas causadas por el pecado. "Por Sus santas llagas fuimos curados," dice San Pedro. Cuando miramos a Jesucristo en la cruz y creemos que El murió por nosotros y resucito, somos salvados y tengamos la esperanza de vida eterna. Por eso, la cruz es el gran símbolo de nuestra salvación y de nuestra fe Cristiana!
La bendición de una cruz o un crucifico es muy hermosa y muy significativa. Nos dice "Que Dios por medio de la pasión, muerte y gloriosa resurrección de Jesucristo derrame sobre esta cruz, símbolo de nuestra fe, la abundancia de Su bendición y a los que rezan ante esta cruz y la utilizan con devoción y fe; les conceda un aumento de fe, esperanza y caridad, salud del cuerpo y alma, y que esta cruz sea protección y escudo contra las crueles flechas del enemigo, y un impulso de vivir el mismo Misterio Pascual de Cristo, muriendo al pecado y a si mismo y resucitando a la vida nueva y llegar así a la felicidad y vida eterna. Por Jesucristo nuestro Señor."
Este símbolo de nuestra fe es un sacramental que nos trae muchas gracias y indulgencias y protección. Debemos tener un crucifijo en cada hogar y en cada casa, o cargarlo colgado de nuestro cuello o en una de nuestras bolsitas o en un lugar en nuestro coche. Debemos persignarnos frecuentemente, con la senal de la cruz, besar la marca de los clavos en Sus manos, pies y costado, rezar cinco padre nuestros, ave marías y glorias en honor y devoción a las llagas de Cristo una devoción muy poderosa en alcanzar favores y protección de Dios por nosotros y por los demás. Podemos ofrecer las santas llagas de Cristo para curar las heridas en nuestra vida y en la vida de otras personas; por el ejemplo, en su matrimonio, o en sus relaciones con Dios, con los demás y con sí mismo, si están esclavizados en un vicio. Yo rezo frecuentemente esta devoción por el camino, en el coche, donde quiera, por las necesidades de la gente alrededor.
Con un crucifijo uno puede recordar y rezar la vía cruces, también, donde quiera, meditando sobre las 14 estaciones y rezando un padre nuestro, ave maria y gloria, y ofreciendola por necesidades particulares de otras personas o para liberar una santa alma del purgaturio. No tiene que estar en una Iglesia! Nos trae muchas gracias e indulgencias, especialmente durante la Cuaresma.
Un crucifijo, no solamente es un sacramental y simbolo de nuestra fe, sino que la senal de nuestra vida cristiana! Somos marcados con la senal de la cruz desde nuestro Bautismo. Fuimos senalados como ninos en el Bautismo con la senal de la cruz por el sacerdote, por nuestros padres y por nuestros padrinos, aqui en nuestra frente, para indicar que fuimos salvados y rescatados por la muerte de Cristo en la cruz. Y cada vez que persignamos con la senal de la cruz recordamos esta gran obra de Cristo y hacemos una profesion publica de nuestra fe en El. La senal de la cruz mas antigua es muy impresionante sobre esta senal de nuestra fe Catolica porque senalamos con la cruz no solamente nuestra frente, senalamos tambien nuestros labios, nuestro corazon y todo nuestro cuerpo. Asi rezamos: " + Por la senal de la santa cruz, + de nuestros enemigos + librarnos Senor, Dios nuestro, + en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espiritu Santo."
Lo mas importante en todo lo que estamos recordando ahora sobre la senal de la cruz, es comprender y vivir el misterio de la santa cruz en nuestra vida diaria, muriendo al pecado, y a nosotros mismos y nuestro egoismo, y resucitando y viviendo la nueva vida de hombres y mujeres de fe y amor de Dios. No como hombres viejos, pero hombres nuevos!
Para vivir asi, tenemos contemplar y penetrar el misterio de la cruz y el secreto del sufrimiento y de la muerte de Jesucristo nuestro Senor. Porque en el desierto, cuando Moises levanto el estandarte del serpiente de bronce para que lo miren los Isrealitas y se sanen, la causa de su enfermedad y muerte, la mordida de los serpientes venenosos, fue convertido en un instrumento de salud y sanacion. Es muy curioso que nuestra sociedad, muy secularista como es, todavia usa este simbolo religioso del antiguo testamento de dos serpientes alredador un baston, como simbolo en los hospitales, oficinas de medicos, ambulances etc. para significar la salud.
Lo mismo con la muerte de Cristo en la cruz. Fue convertida en un instrumento de vida, salud, salvacion, victoria, por los que la miran con fe. No solamente la muerte de Cristo, sino que todo Su sufrimiento, por un milagro del poder de Dios, fue convertido a un instrumento que nos da la vida. "Por Sus santas llagas y heridas fuimos curados" dice San Pedro en la biblia! Y tambien dice San Pablo: "En cuanto a mi, nunca me gloriare sino en la cruz de nuestro Senor Jesucristo, quien al mundo esta crucificado para mi y yo para el mundo." (Gal 6, 14)
Este es el secreto del misterio de la muerte y sacrificio de Cristo en la Cruz - victoria sobre la muerte, vida y felicidad eternas, nueva vida, salud del cuerpo y alma, como manifesto Cristo en Sus milagros, curando los enfermos, perdonando los pecadores, echando a los demonios, restaurando la imagen de Dios en cada persona destruida por el pecado, haciendoles a todos nuevas criaturas y dandoles la vida eterna. Todo sufrimiento es elevado en el misterio de Cristo en la cruz y transformado en un instrumento que nos da nueva vida y vida eterna - que maravilla y gracia del amor de Dios nuestro Padre y Su Hijo Jesucristo y el Espiritu Santo a todos nosotros! No la podemos merecer, ni somos dignos de merecerla, ni podemos por nuestras obras. Es un don de Dios. Un don de Su amor misericordioso completamente gratis!
Como dice en la segunda lectura: "Estais salvados por Su inmensa gracia y mediante la fe. Y no se debe a vosotros, sino es un don de Dios y tampoco se debe a las obras, para que nadie pueda presumir.... pues somos obra Suya. Dios nos ha creado en Cristo Jesus, para que nos dediquemos a las buenas obras, que El nos asigno para que las practicasemos."
La Cuaresma es nuestro tiempo de gracia para comprender, contemplar y penetrar este misterio del sufrimiento y muerte de Cristo y por medio de nuestra participacion y compartir en este misterio, llegar a participar mas intimamente y personalmente en la renovacion, la nueva vida y victoria de Su resurreccion, ahora mismo, y llegar a participar un dia en la plenitud de su gloria y felicidad eternas!
En el Evangelio de la Misa, vino de noche a ver a Jesus, un hombre llamado Nicodemo para preguntarle: "Como puede recibir una nueva vida a un hombre siendo ya viejo. puede entrar otra vez el seno de su madre y nacer?" Jesús. tomando la palabra, comenzó a ensenarle sobre el don de la fe y la nueva vida que recibimos por el agua y el Espíritu Santo en el Bautismo, y el poder del sacrificio de Su Cuerpo y Su Sangre que El tenia que ofrecer en la muerte de la Cruz por la salvación de los hombres.
Que lo mismo que Moisés elevo la serpiente en el desierto para la salvacion y sanacion de los Israelitas, así tiene que ser elevado el Hijo del hombre para que todo el que cree en El tenga vida eterna. Pues "tanto amo Dios al mundo, que entrego Su Hijo único para que no perezca ninguno de los que creen en Él, sino que tengan vida eterna," dice la segunda lectura
Cuando miramos a Cristo en la cruz, miramos la grandeza del amor de Dios que se sacrifico para rescatarnos y perdonarnos de nuestros pecados, reconciliarnos con El y por Sus santas llagas curar las heridas de nuestras vidas causadas por el pecado. "Por Sus santas llagas fuimos curados," dice San Pedro. Cuando miramos a Jesucristo en la cruz y creemos que El murió por nosotros y resucito, somos salvados y tengamos la esperanza de vida eterna. Por eso, la cruz es el gran símbolo de nuestra salvación y de nuestra fe Cristiana!
La bendición de una cruz o un crucifico es muy hermosa y muy significativa. Nos dice "Que Dios por medio de la pasión, muerte y gloriosa resurrección de Jesucristo derrame sobre esta cruz, símbolo de nuestra fe, la abundancia de Su bendición y a los que rezan ante esta cruz y la utilizan con devoción y fe; les conceda un aumento de fe, esperanza y caridad, salud del cuerpo y alma, y que esta cruz sea protección y escudo contra las crueles flechas del enemigo, y un impulso de vivir el mismo Misterio Pascual de Cristo, muriendo al pecado y a si mismo y resucitando a la vida nueva y llegar así a la felicidad y vida eterna. Por Jesucristo nuestro Señor."
Este símbolo de nuestra fe es un sacramental que nos trae muchas gracias y indulgencias y protección. Debemos tener un crucifijo en cada hogar y en cada casa, o cargarlo colgado de nuestro cuello o en una de nuestras bolsitas o en un lugar en nuestro coche. Debemos persignarnos frecuentemente, con la senal de la cruz, besar la marca de los clavos en Sus manos, pies y costado, rezar cinco padre nuestros, ave marías y glorias en honor y devoción a las llagas de Cristo una devoción muy poderosa en alcanzar favores y protección de Dios por nosotros y por los demás. Podemos ofrecer las santas llagas de Cristo para curar las heridas en nuestra vida y en la vida de otras personas; por el ejemplo, en su matrimonio, o en sus relaciones con Dios, con los demás y con sí mismo, si están esclavizados en un vicio. Yo rezo frecuentemente esta devoción por el camino, en el coche, donde quiera, por las necesidades de la gente alrededor.
Con un crucifijo uno puede recordar y rezar la vía cruces, también, donde quiera, meditando sobre las 14 estaciones y rezando un padre nuestro, ave maria y gloria, y ofreciendola por necesidades particulares de otras personas o para liberar una santa alma del purgaturio. No tiene que estar en una Iglesia! Nos trae muchas gracias e indulgencias, especialmente durante la Cuaresma.
Un crucifijo, no solamente es un sacramental y simbolo de nuestra fe, sino que la senal de nuestra vida cristiana! Somos marcados con la senal de la cruz desde nuestro Bautismo. Fuimos senalados como ninos en el Bautismo con la senal de la cruz por el sacerdote, por nuestros padres y por nuestros padrinos, aqui en nuestra frente, para indicar que fuimos salvados y rescatados por la muerte de Cristo en la cruz. Y cada vez que persignamos con la senal de la cruz recordamos esta gran obra de Cristo y hacemos una profesion publica de nuestra fe en El. La senal de la cruz mas antigua es muy impresionante sobre esta senal de nuestra fe Catolica porque senalamos con la cruz no solamente nuestra frente, senalamos tambien nuestros labios, nuestro corazon y todo nuestro cuerpo. Asi rezamos: " + Por la senal de la santa cruz, + de nuestros enemigos + librarnos Senor, Dios nuestro, + en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espiritu Santo."
Lo mas importante en todo lo que estamos recordando ahora sobre la senal de la cruz, es comprender y vivir el misterio de la santa cruz en nuestra vida diaria, muriendo al pecado, y a nosotros mismos y nuestro egoismo, y resucitando y viviendo la nueva vida de hombres y mujeres de fe y amor de Dios. No como hombres viejos, pero hombres nuevos!
Para vivir asi, tenemos contemplar y penetrar el misterio de la cruz y el secreto del sufrimiento y de la muerte de Jesucristo nuestro Senor. Porque en el desierto, cuando Moises levanto el estandarte del serpiente de bronce para que lo miren los Isrealitas y se sanen, la causa de su enfermedad y muerte, la mordida de los serpientes venenosos, fue convertido en un instrumento de salud y sanacion. Es muy curioso que nuestra sociedad, muy secularista como es, todavia usa este simbolo religioso del antiguo testamento de dos serpientes alredador un baston, como simbolo en los hospitales, oficinas de medicos, ambulances etc. para significar la salud.
Lo mismo con la muerte de Cristo en la cruz. Fue convertida en un instrumento de vida, salud, salvacion, victoria, por los que la miran con fe. No solamente la muerte de Cristo, sino que todo Su sufrimiento, por un milagro del poder de Dios, fue convertido a un instrumento que nos da la vida. "Por Sus santas llagas y heridas fuimos curados" dice San Pedro en la biblia! Y tambien dice San Pablo: "En cuanto a mi, nunca me gloriare sino en la cruz de nuestro Senor Jesucristo, quien al mundo esta crucificado para mi y yo para el mundo." (Gal 6, 14)
Este es el secreto del misterio de la muerte y sacrificio de Cristo en la Cruz - victoria sobre la muerte, vida y felicidad eternas, nueva vida, salud del cuerpo y alma, como manifesto Cristo en Sus milagros, curando los enfermos, perdonando los pecadores, echando a los demonios, restaurando la imagen de Dios en cada persona destruida por el pecado, haciendoles a todos nuevas criaturas y dandoles la vida eterna. Todo sufrimiento es elevado en el misterio de Cristo en la cruz y transformado en un instrumento que nos da nueva vida y vida eterna - que maravilla y gracia del amor de Dios nuestro Padre y Su Hijo Jesucristo y el Espiritu Santo a todos nosotros! No la podemos merecer, ni somos dignos de merecerla, ni podemos por nuestras obras. Es un don de Dios. Un don de Su amor misericordioso completamente gratis!
Como dice en la segunda lectura: "Estais salvados por Su inmensa gracia y mediante la fe. Y no se debe a vosotros, sino es un don de Dios y tampoco se debe a las obras, para que nadie pueda presumir.... pues somos obra Suya. Dios nos ha creado en Cristo Jesus, para que nos dediquemos a las buenas obras, que El nos asigno para que las practicasemos."
La Cuaresma es nuestro tiempo de gracia para comprender, contemplar y penetrar este misterio del sufrimiento y muerte de Cristo y por medio de nuestra participacion y compartir en este misterio, llegar a participar mas intimamente y personalmente en la renovacion, la nueva vida y victoria de Su resurreccion, ahora mismo, y llegar a participar un dia en la plenitud de su gloria y felicidad eternas!
Sunday, March 11, 2012
Tercer Domingo de Cuaresma, 11 marzo 2012
(Ex 20, 1-17; Cor 1, 22-25; Jn 2, 13-25)
Los mandamientos de Dios son para nosotros la guía más básica y fundamental, que Dios nos ha dado para guiar nuestra vida moral y llevarnos a la felicidad en este mundo y a la felicidad eterna en la vida venidera. Cuando cumplimos la Ley del Señor que son los diez mandamientos imitamos primeramente a Jesucristo, que vino no para quitar la Ley y los profetas sino cumplirlos, y segundo, nos encontramos, en nuestra vida, la verdadera paz y felicidad, que Dios nos ha prometido a Sus fieles servidores: "dichoso el hombre que sigue el mandato y ley del Señor" dice el salmo responsorial : "La Ley del Señor es perfecta, es descanso del alma, instruye al ignorante,, son rectos, alegran el corazón, da luz a los ojos, son verdaderos, mas preciosos que el oro, mas dulces que la miel!" .
La Ley del Señor es un don de nuestro Creador para formar e iluminar a nuestras consciencias en saber lo que es bueno y lo que es malo, lo que le agrado a Dios y lo que no le agrada. La Ley nos enseña como amar a Dios sobre todas las cosas y amar a nuestro prójimo. Dios no nos manda a odiar sino amar, amarnos y amar a nuestro prójimo. Porque Dios nos ha creado para que tengamos la vida y la tengamos en abundancia. Cuando cumplimos los mandamientos, nos ponemos en el camino que nos lleva a la vida y felicidad no solamente en este mundo sino que a la vida y felicidad eternas. Porque amamos la vida, escogemos la vida, defendemos la vida y promovemos la vida. Cuando no cumplimos los mandamientos, pecamos, rechazamos la vida y escogemos la muerte, no nos encontramos la verdadera felicidad y nos ponemos en un camino peligroso de perder nuestro destino y felicidad eternos.
Entonces vemos la importancia de ser responsables para nosotros mismos en nuestros pensamientos, palabras y acciones en el cumplir de lo que es bueno y lo que le agrada nuestro Padre Dios y en vivir los mandamientos como fieles servidores y hombres y mujeres sabios y llenos de fe y amor de Dios y ayudar y guiar a los demás en un buen camino hacia la felicidad eterna.
Y todos nosotros ya sabemos los diez mandamientos. Los hemos aprendido cuando hicimos nuestra primera comunión y confesión. Los mandamientos son la guía más sencilla para confesar nuestros pecados. La Cuaresma es nuestro tiempo de gracia para renovarnos y confesar nuestros pecados, pequeños y grandes y limpiar y purificar nuestra casa como Cristo nos ha ensenado en el evangelio de hoy - limpiar y purificar el templo de nuestro cuerpo y alma para que ofrezcamos un culto mas agradable y aceptable a Dios en el espíritu y en verdad. Dice San Pablo: "por el bautismo nosotros somos templos vivos de Dios. No sabéis que sois templo de Dios y que el Espíritu de Dios habita en vosotros? El templo de Dios es santo! ...y ese templo sois vosotros ... entonces glorificad a Dios con vuestro cuerpo!"
Si somos miembros del Cuerpo Místico del Señor que es la Iglesia, por el bautismo y somos templos vivos de Dios, debemos comprender que grande debe ser nuestro respeto para nosotros mismos y para la dignidad de cada persona. Y Dios nos manda a amarnos a nosotros mismos y amar a nuestro prójimo como Cristo nos ha amado. Todo eso en la Cuaresma significa por medio de nuestras oraciones, penitencia, sacrificios, ayunos y obras de misericordia, tomamos la iniciativa con el mismo celo y amor de Jesucristo en purificar y limpiar el templo de nuestro cuerpo y alma, en limpiar y purificar este templo de todos los negocios y comercios y cosas de este mundo que quieren cambiar la casa y templo de Dios en un mercado en vez de ser un lugar consagrado al culto y oración, un lugar del encuentro gozoso con la presencia de Dios.
La Cuaresma es nuestro tiempo de gracia para renovarnos y consagrarnos de nuevo a ser templos vivos de Dios en que celebramos dignamente los misterios de la vida de Su Hijo Jesucristo, Su pasión, muerte y resurrección, donde escuchamos la Palabra de Dios y celebramos los sacramentos, especialmente la Penitencia y la Eucaristía, una casa de oración, un lugar de encuentro con Dios, donde Dios nos habla y nos comunica Su amistad, Su luz y Su paz y donde ofrecemos a Dios un culto en espíritu y verdad, un culto de amor y entrega, de gozo y alegría.
Esto es lo que le agrada a Dios en este tiempo de Cuaresma y lo que El busca en nuestras vidas, como Su hijos - este modo de vivir como Iglesia que somos, como verdaderos templos vivos y consagrados en Su honor y por Su gloria y la salvación de los hombres.
Los mandamientos de Dios son para nosotros la guía más básica y fundamental, que Dios nos ha dado para guiar nuestra vida moral y llevarnos a la felicidad en este mundo y a la felicidad eterna en la vida venidera. Cuando cumplimos la Ley del Señor que son los diez mandamientos imitamos primeramente a Jesucristo, que vino no para quitar la Ley y los profetas sino cumplirlos, y segundo, nos encontramos, en nuestra vida, la verdadera paz y felicidad, que Dios nos ha prometido a Sus fieles servidores: "dichoso el hombre que sigue el mandato y ley del Señor" dice el salmo responsorial : "La Ley del Señor es perfecta, es descanso del alma, instruye al ignorante,, son rectos, alegran el corazón, da luz a los ojos, son verdaderos, mas preciosos que el oro, mas dulces que la miel!" .
La Ley del Señor es un don de nuestro Creador para formar e iluminar a nuestras consciencias en saber lo que es bueno y lo que es malo, lo que le agrado a Dios y lo que no le agrada. La Ley nos enseña como amar a Dios sobre todas las cosas y amar a nuestro prójimo. Dios no nos manda a odiar sino amar, amarnos y amar a nuestro prójimo. Porque Dios nos ha creado para que tengamos la vida y la tengamos en abundancia. Cuando cumplimos los mandamientos, nos ponemos en el camino que nos lleva a la vida y felicidad no solamente en este mundo sino que a la vida y felicidad eternas. Porque amamos la vida, escogemos la vida, defendemos la vida y promovemos la vida. Cuando no cumplimos los mandamientos, pecamos, rechazamos la vida y escogemos la muerte, no nos encontramos la verdadera felicidad y nos ponemos en un camino peligroso de perder nuestro destino y felicidad eternos.
Entonces vemos la importancia de ser responsables para nosotros mismos en nuestros pensamientos, palabras y acciones en el cumplir de lo que es bueno y lo que le agrada nuestro Padre Dios y en vivir los mandamientos como fieles servidores y hombres y mujeres sabios y llenos de fe y amor de Dios y ayudar y guiar a los demás en un buen camino hacia la felicidad eterna.
Y todos nosotros ya sabemos los diez mandamientos. Los hemos aprendido cuando hicimos nuestra primera comunión y confesión. Los mandamientos son la guía más sencilla para confesar nuestros pecados. La Cuaresma es nuestro tiempo de gracia para renovarnos y confesar nuestros pecados, pequeños y grandes y limpiar y purificar nuestra casa como Cristo nos ha ensenado en el evangelio de hoy - limpiar y purificar el templo de nuestro cuerpo y alma para que ofrezcamos un culto mas agradable y aceptable a Dios en el espíritu y en verdad. Dice San Pablo: "por el bautismo nosotros somos templos vivos de Dios. No sabéis que sois templo de Dios y que el Espíritu de Dios habita en vosotros? El templo de Dios es santo! ...y ese templo sois vosotros ... entonces glorificad a Dios con vuestro cuerpo!"
Si somos miembros del Cuerpo Místico del Señor que es la Iglesia, por el bautismo y somos templos vivos de Dios, debemos comprender que grande debe ser nuestro respeto para nosotros mismos y para la dignidad de cada persona. Y Dios nos manda a amarnos a nosotros mismos y amar a nuestro prójimo como Cristo nos ha amado. Todo eso en la Cuaresma significa por medio de nuestras oraciones, penitencia, sacrificios, ayunos y obras de misericordia, tomamos la iniciativa con el mismo celo y amor de Jesucristo en purificar y limpiar el templo de nuestro cuerpo y alma, en limpiar y purificar este templo de todos los negocios y comercios y cosas de este mundo que quieren cambiar la casa y templo de Dios en un mercado en vez de ser un lugar consagrado al culto y oración, un lugar del encuentro gozoso con la presencia de Dios.
La Cuaresma es nuestro tiempo de gracia para renovarnos y consagrarnos de nuevo a ser templos vivos de Dios en que celebramos dignamente los misterios de la vida de Su Hijo Jesucristo, Su pasión, muerte y resurrección, donde escuchamos la Palabra de Dios y celebramos los sacramentos, especialmente la Penitencia y la Eucaristía, una casa de oración, un lugar de encuentro con Dios, donde Dios nos habla y nos comunica Su amistad, Su luz y Su paz y donde ofrecemos a Dios un culto en espíritu y verdad, un culto de amor y entrega, de gozo y alegría.
Esto es lo que le agrada a Dios en este tiempo de Cuaresma y lo que El busca en nuestras vidas, como Su hijos - este modo de vivir como Iglesia que somos, como verdaderos templos vivos y consagrados en Su honor y por Su gloria y la salvación de los hombres.
Sunday, March 4, 2012
Segundo Domingo de Cuaresma, 4 marzo 2012
(Gen 22, 1-2, 9-13, 15-18; Rom 8,31b-34; Mc 9, 2-10)
La Cuaresma es nuestro tiempo de gracia. Es nuestro tiempo de crecer en la fe y el amor de Dios y seguir a Jesucristo en el gran misterio de Su pasión, muerte y gloriosa resurrección, muriendo a nosotros mismos y al pecado y resucitando con El en la nueva vida de Su resurrección.
La Iglesia nos da en este tiempo de cuaresma, para ayudarnos a realizar este designo maravilloso, tres ejercicios espirituales: la oración, el ayuno y la limosna. Durante la semana pasada, la palabra de Dios en la Misa nos ha llamado
la atención a la importancia de la oración en nuestro caminar cuaresmal. Los apóstoles mismos le pidieron a Jesús a enseñarles a rezar como Juan Bautista les enseñó a sus discípulos. Y Cristo les enseñó como rezar con todo el corazón y buscar al rostro del Señor y conocer a Dios como su Padre verdadero, enseñandoles así la hermosa oración del Padre Nuestro - Padre nuestro que estas en el cielo, santificado sea Tu nombre, venga Tu reino... Cristo no solamente les enseñó por Sus palabras sino también por Su ejemplo tomando tiempo para rezar a solas, en la montaña, en el campo, en cualquier lugar y en la huerta, especialmente, antes de morir en la cruz. Cristo quiere enseñarnos también en este tiempo de la cuaresma como rezar mejor y profundizar mejor nuestra oración y nuestro conocimiento de Dios como verdadero Padre, escuchar mejor Su voz y responder con fe, confianza y amor a Su plan de salvación en nuestra vida como respondió Abraham.
Dios dijo a Abraham: "te bendeciré y multiplicare a tus descendientes como las estrellas del cielo y como la arena de la playa... porque me has obedecido." Y la respuesta de Abraham en todo momento es: "aquí me tienes". De él, hemos aprendido a confiar en Dios en todo momento y toda situación. Es por medio de la oración y "el buscar al rostro del Señor" que Dios nos da esta confianza en El y esta disponibilidad para llevar adelante Sus planes en nuestra vida y cumplir Su santa voluntad, no sin pasar por dificultades. Es por la oración y "el buscar al rostro del Señor" que Dios nos da, tambien, la experiencia gozosa y personal de Su divina presencia y Su gran amor. Esto es lo que experimento Abraham en su encuentro con Dios.
Y este es lo que revelo Jesús a Su discípulos en el evangelio de hoy, cuando los llevo a Pedro, Santiago y Juan a la Montana alta para rezar. Delante de ellos se transfiguro y manifestó Su divina presencia y salió de la nube la voz de Su Padre, dando testimonio de Su Hijo Jesucristo: "Este es Mi Hijo Amado, escuchadlo!"
Eso lo ha experimentado Jesucristo en Su oración al Padre. Por eso, por esa gran confianza va a llevar hasta las últimas consecuencias el plan de Su Padre para la salvación del hombre, aunque eso le lleve a pasar por la cruz. Jesús va a recorrer Su camino hasta el final. La vida que se nos da en la resurrección y que nos muestra en Su transfiguración, va a pasar antes por la entrega total en la muerte de cruz.
Cuando buscamos al rostro del Señor en nuestra oración, Dios quiere bendecirnos en la misma manera con el gozo y paz que recibieron a los discípulos en el monte Tabor. Dios quiere revelarse como Cristo se transfiguro y se revelo a ellos para confirmarles en su fe y prepararles a aguantar los sufrimientos de la pasión, muerte y gloriosa resurrección, que Cristo tenia que pasar. Cristo quiere confirmarnos a nosotros también en nuestra fe y amor de Dios con el mismo gozo y paz de Su divina presencia y prepararnos para los tiempos difíciles cuando tenemos nosotros sufrir con Cristo, el escándalo de la cruz, las humillaciones de la pasión y morir con El para resucitar a la nueva vida de Su resurrección!
Como la semana pasada en las lecturas, Noé era para nosotros un ejemplo de un hombre de fe y amor de Dios, esta semana la palabra de Dios nos da Abraham como nuestro ejemplo de un hombre orante que escuchaba la voz del Señor, un hombre obediente, un hombre valiente, un hombre verdadero de fe y amor de Dios que experimento en su vida en una manera personal la divina presencia y la grandeza del amor de Dios - un hombre que nosotros llamamos "nuestro padre en la fe".
(Abraham también es una figura de Dios Padre en los cielos en la manera que el estaba listo a entregar su único y amado hijo, Isaac, el hijo de la promesa, en obediencia a la voluntad de Dios. La angustia y amargura que sentía a Abraham como un padre de entregar su hijo como un sacrificio a Dios. Al fin aunque no tenía que cumplirlo porque era una prueba de su fe y amor de Dios, nos enseña como nosotros tenemos ofrecer a Dios todo lo que tenemos, todo lo que somos, todo lo que amamos, imitando al Padre Dios, en gratitud, humildad y amor por todo lo que El nos ha dado, en entregar Su Hijo único y amado, Jesucristo, en sacrificio por nuestra redención y salvación.)
Cada vez celebramos la Santa Misa, la oración mas perfecta, que Cristo nos ha dejado, nosotros entramos y compartimos en el inmenso amor de nuestro Padre eterno por Su Hijo Jesucristo en entregándolo por nuestra redención y salvación y entramos y compartimos también en el gozo y en la paz de Su divina presencia por un encuentro maravilloso con Cristo resucitado en el sacramento de la Eucaristía! "Que bien se esta aquí, Señor" podemos repetir con San Pedro en el monte Tabor! - un momento cuando sentimos a Jesús cerca de nosotros, transfigurado!
Durante la Cuaresma, Dios nos da la gracia para mejorar y profundizar nuestra oración y "buscar al rostro del Señor" con mas fervor, amor y confianza y rezar con mas atención, devoción y reverencia y apreciar mas la importancia de oración, y ofrecer más oraciones a Dios para llegar a una comunión mas intima y personal con El y ofrecer más oraciones por las necesidades de los demás, por su conversión, reconciliación, bienestar espiritual y temporal Y enseñando a los demás por su buen ejemplo de rezar, el valor de la oración en sus vidas. Les recomiendo que recen en la casa con su familia el santo rosario, en el trabajo, en el camino, recen como matrimonio o pareja, donde hay dos o tres reunidos en mi nombre, aquí estoy Yo, dice el Señor. Recen antes de comer para bendecir la comida y después para darle gracias a Dios.-- la familia que reza unida, queda unida, dijo un santo padre. Recen antes de dormir y cuando se levante en la mañana.
Hay muchas oportunidades durante la cuaresma; y imitando así a la Virgen María que buscaba al rostro de su Señor, que contemplaba la Palabra de Dios, guardándola en su alma y corazón, que respondió con la entrega total de su vida a los planes de Dios y dio a la luz al mundo Jesucristo nuestro Señor y Salvador.
La Cuaresma es nuestro tiempo de gracia. Es nuestro tiempo de crecer en la fe y el amor de Dios y seguir a Jesucristo en el gran misterio de Su pasión, muerte y gloriosa resurrección, muriendo a nosotros mismos y al pecado y resucitando con El en la nueva vida de Su resurrección.
La Iglesia nos da en este tiempo de cuaresma, para ayudarnos a realizar este designo maravilloso, tres ejercicios espirituales: la oración, el ayuno y la limosna. Durante la semana pasada, la palabra de Dios en la Misa nos ha llamado
la atención a la importancia de la oración en nuestro caminar cuaresmal. Los apóstoles mismos le pidieron a Jesús a enseñarles a rezar como Juan Bautista les enseñó a sus discípulos. Y Cristo les enseñó como rezar con todo el corazón y buscar al rostro del Señor y conocer a Dios como su Padre verdadero, enseñandoles así la hermosa oración del Padre Nuestro - Padre nuestro que estas en el cielo, santificado sea Tu nombre, venga Tu reino... Cristo no solamente les enseñó por Sus palabras sino también por Su ejemplo tomando tiempo para rezar a solas, en la montaña, en el campo, en cualquier lugar y en la huerta, especialmente, antes de morir en la cruz. Cristo quiere enseñarnos también en este tiempo de la cuaresma como rezar mejor y profundizar mejor nuestra oración y nuestro conocimiento de Dios como verdadero Padre, escuchar mejor Su voz y responder con fe, confianza y amor a Su plan de salvación en nuestra vida como respondió Abraham.
Dios dijo a Abraham: "te bendeciré y multiplicare a tus descendientes como las estrellas del cielo y como la arena de la playa... porque me has obedecido." Y la respuesta de Abraham en todo momento es: "aquí me tienes". De él, hemos aprendido a confiar en Dios en todo momento y toda situación. Es por medio de la oración y "el buscar al rostro del Señor" que Dios nos da esta confianza en El y esta disponibilidad para llevar adelante Sus planes en nuestra vida y cumplir Su santa voluntad, no sin pasar por dificultades. Es por la oración y "el buscar al rostro del Señor" que Dios nos da, tambien, la experiencia gozosa y personal de Su divina presencia y Su gran amor. Esto es lo que experimento Abraham en su encuentro con Dios.
Y este es lo que revelo Jesús a Su discípulos en el evangelio de hoy, cuando los llevo a Pedro, Santiago y Juan a la Montana alta para rezar. Delante de ellos se transfiguro y manifestó Su divina presencia y salió de la nube la voz de Su Padre, dando testimonio de Su Hijo Jesucristo: "Este es Mi Hijo Amado, escuchadlo!"
Eso lo ha experimentado Jesucristo en Su oración al Padre. Por eso, por esa gran confianza va a llevar hasta las últimas consecuencias el plan de Su Padre para la salvación del hombre, aunque eso le lleve a pasar por la cruz. Jesús va a recorrer Su camino hasta el final. La vida que se nos da en la resurrección y que nos muestra en Su transfiguración, va a pasar antes por la entrega total en la muerte de cruz.
Cuando buscamos al rostro del Señor en nuestra oración, Dios quiere bendecirnos en la misma manera con el gozo y paz que recibieron a los discípulos en el monte Tabor. Dios quiere revelarse como Cristo se transfiguro y se revelo a ellos para confirmarles en su fe y prepararles a aguantar los sufrimientos de la pasión, muerte y gloriosa resurrección, que Cristo tenia que pasar. Cristo quiere confirmarnos a nosotros también en nuestra fe y amor de Dios con el mismo gozo y paz de Su divina presencia y prepararnos para los tiempos difíciles cuando tenemos nosotros sufrir con Cristo, el escándalo de la cruz, las humillaciones de la pasión y morir con El para resucitar a la nueva vida de Su resurrección!
Como la semana pasada en las lecturas, Noé era para nosotros un ejemplo de un hombre de fe y amor de Dios, esta semana la palabra de Dios nos da Abraham como nuestro ejemplo de un hombre orante que escuchaba la voz del Señor, un hombre obediente, un hombre valiente, un hombre verdadero de fe y amor de Dios que experimento en su vida en una manera personal la divina presencia y la grandeza del amor de Dios - un hombre que nosotros llamamos "nuestro padre en la fe".
(Abraham también es una figura de Dios Padre en los cielos en la manera que el estaba listo a entregar su único y amado hijo, Isaac, el hijo de la promesa, en obediencia a la voluntad de Dios. La angustia y amargura que sentía a Abraham como un padre de entregar su hijo como un sacrificio a Dios. Al fin aunque no tenía que cumplirlo porque era una prueba de su fe y amor de Dios, nos enseña como nosotros tenemos ofrecer a Dios todo lo que tenemos, todo lo que somos, todo lo que amamos, imitando al Padre Dios, en gratitud, humildad y amor por todo lo que El nos ha dado, en entregar Su Hijo único y amado, Jesucristo, en sacrificio por nuestra redención y salvación.)
Cada vez celebramos la Santa Misa, la oración mas perfecta, que Cristo nos ha dejado, nosotros entramos y compartimos en el inmenso amor de nuestro Padre eterno por Su Hijo Jesucristo en entregándolo por nuestra redención y salvación y entramos y compartimos también en el gozo y en la paz de Su divina presencia por un encuentro maravilloso con Cristo resucitado en el sacramento de la Eucaristía! "Que bien se esta aquí, Señor" podemos repetir con San Pedro en el monte Tabor! - un momento cuando sentimos a Jesús cerca de nosotros, transfigurado!
Durante la Cuaresma, Dios nos da la gracia para mejorar y profundizar nuestra oración y "buscar al rostro del Señor" con mas fervor, amor y confianza y rezar con mas atención, devoción y reverencia y apreciar mas la importancia de oración, y ofrecer más oraciones a Dios para llegar a una comunión mas intima y personal con El y ofrecer más oraciones por las necesidades de los demás, por su conversión, reconciliación, bienestar espiritual y temporal Y enseñando a los demás por su buen ejemplo de rezar, el valor de la oración en sus vidas. Les recomiendo que recen en la casa con su familia el santo rosario, en el trabajo, en el camino, recen como matrimonio o pareja, donde hay dos o tres reunidos en mi nombre, aquí estoy Yo, dice el Señor. Recen antes de comer para bendecir la comida y después para darle gracias a Dios.-- la familia que reza unida, queda unida, dijo un santo padre. Recen antes de dormir y cuando se levante en la mañana.
Hay muchas oportunidades durante la cuaresma; y imitando así a la Virgen María que buscaba al rostro de su Señor, que contemplaba la Palabra de Dios, guardándola en su alma y corazón, que respondió con la entrega total de su vida a los planes de Dios y dio a la luz al mundo Jesucristo nuestro Señor y Salvador.
Sunday, February 26, 2012
Primer Domingo de Cuaresma, 26 febrero 2012
(Gen 9, 8-15; 1Pedro 3, 18-22; Mc 1, 12-15)
La Cuaresma es un tiempo de preparación para celebrar el misterio principal de la vida de Jesucristo Nuestro Señor: Su Misterio Pascual- Su pasión, muerte y gloriosa resurrección. Este es un tiempo especial para encontrarnos con el Señor, morir al hombre viejo, y vivir el hombre nuevo por el Espíritu Santo. Este es tiempo para intensificar la oración, la lectura de la Palabra de Dios, el espíritu de penitencia en el reconocimiento de nuestros propios pecados y debilidades y en el arrepentimiento y conversión, cambiar nuestro modo de pensar, de sentir y de actuar, para conseguir "transformarnos en Cristo" y muriendo al pecado y todo lo que puede separarnos de Dios y resucitando a la nueva vida de Cristo resucitado.
La Cuaresma es el tiempo especialmente dedicado a los sacramentos del Bautismo, Penitencia y La Eucaristía. Pues si "en el Bautismo renacimos a una nueva vida" en la imagen y semejanza de Dios, el sacramento de la penitencia nos ofrece la oportunidad de recuperarla si la hemos perdido, si no la hemos vivido por este imagen y semejanza de Dios, Por eso la Cuaresma es un tiempo de renovación, y así preparamos a unirnos a Cristo resucitado en el sacramento pascual de la Santa Eucaristía!
La Iglesia es santa como proclamamos en el Credo. pero los miembros no somos santos. Necesitamos purificarnos, hacer penitencia, porque nos reconocemos pecadores. La Cuaresma es tiempo de penitencia y conversión; no significa que tengamos que renunciar a los valores humanos, sino que implica una lucha constante para conseguir un corazón nuevo. Es el tiempo de gracia más propicio, para que, en forma comunitaria, celebremos la misericordia y el perdón de Dios que se nos da tan generosamente. Es el tiempo para reconocer nuestros pecados ante de Dios, y ante nuestros hermanos. Así, la conversión que vamos adquiriendo se manifestará en frutos que se traducen en prácticas de misericordia, ayuno, limosna y oración.
La Cuaresma es un itinerario. El numero cuarenta significa nuestra realidad terrenal, pecadora. Cuarenta días duro el diluvio. Cuarenta años duro la peregrinación del pueblo de Dios por el desierto. Cuarenta días duro la predicación de Jonás a los Ninivitas. Cuarenta días ayunaron Moisés y Elías antes de llegar al monte Sinaí. Jesús ayuno cuarenta días. La Iglesia mantiene este tiempo de Cuaresma llamado tiempo fuerte, para que nos esforcemos en morir al pecado, nos empapemos de silencio, de soledad y de oración y así, poder llegar a la Pascua resucitados, renovados y nuevas personas.
En el desierto Jesús rezo por nosotros, ayuno por nosotros, hizo penitencia por nosotros, paso por las tentaciones del diablo por nosotros, las venció para ganar por nosotros la gracia y poder de vencerlas también, sufrió Su pasión por nosotros y el fin, tomo la responsabilidad por nosotros y por todos nuestros pecados llevándolos a la cruz donde se sacrifico y murió por nuestra redención y salvación. Que más puede hacer Jesús por nosotros y para mostrar Su gran amor?
En espíritu de arrepentimiento humilde y amor generoso comenzamos la Cuaresma: tomando responsabilidad por nosotros mismos y como hemos ofendido al Señor por nuestra falta de fe, esperanza y amor y también, imitando a Jesucristo, en nuestra responsabilidad por los demás en su falta de fe, esperanza y amor que necesitan la conversión y reconciliación. Obramos y procuramos, lo más que podemos, la salvación de los demás por medio de nuestras oraciones, penitencias, ayunos, sacrificios, buenas obras y ejemplo y obras de misericordia.
Entrar en el desierto es entrar, también, en el conocimiento de nosotros mismos, conocernos como Dios nos ha creado en Su imagen y semejanza. Como Dios conoce a Si Mismo: "Yo soy Quien soy," Yo puedo conocerme en las maneras que Dios me ha creado, en conociendo mi mismo, mis dones y talentos, mi poder de comunicarme, poner intenciones y metas y realizarlas, hacer visible el amor como Cristo hizo visible el amor de Su Padre, ser santo y consagrado como Dios es santo, y ser comunidad y comunión como Dios es Comunidad y Comunión de personas y con Él obrar para edificar la verdadera comunidad. Estos son maneras que somos creados en la imagen y semejanza de Dios y que Dios quiere que saquemos a luz por Su honor y gloria como hijos e hijas Suyos.
Nadie entra en este desierto - ni mucho menos sale - sin la ayuda del Espíritu Santo. Es el Espíritu Santo, dice el evangelio de hoy que empujo a Jesucristo al desierto. El mismo Espíritu Santo protegió a Él en el desierto. En el momento de Su bautismo en Rio Jordán, apareció el Espíritu Santo en forma de una paloma para guiar a Cristo en Su obra salvadora y mesiánica. En los momentos actuales en que atravesamos por una crisis - un desierto de sacrificio, sufrimiento y soledad - hay que acordarnos de la promesa de un final victorioso. Por el bautismo hemos sido destinados a un fin bueno y glorioso y hemos recibido el Espíritu Santo y la promesa de poder pasar por cualquier desierto de la vida. Como nos dicen las primeras lecturas, en los tiempos de Noé, el agua del diluvio significaba a la vez una destrucción y un nuevo comienzo. Fue una destrucción de lo malo y una creación nueva de un mundo mejor. Dios no nos aflige por el hecho de afligirnos sino para hacernos capaces y dignos de recibir más bendiciones y favores en nuestra vida.
Sera así para nosotros. Cada crisis se convertirá en un triunfo: de las cenizas saldrá una nueva vida. Esta es la responsabilidad que, como cristianos, aceptamos el día de nuestro bautismo.
La Palabra de Dios que escuchamos en cada Santa Misa, en particular en esta celebración de hoy, debe ser un recuerdo continuo de esta iniciativa amorosa de Dios hacia nosotros pobre pecadores. Que la Santa Misa y la Eucaristía nos recuerdan una vez más el amor inmenso que Jesús nos ha tenido y nos tiene al entregarse totalmente en alianza perfecta y eterna. "Tomad y bebed todos de él: este es el cáliz de Mi sangre, de la nueva alianza que será derramada por vosotros y por todos los hombres para el perdón de los pecados. Haced esto en memoria Mía" Que la Palabra y la Eucaristía sean alimento de nuestro diario caminar y en especial, durante esa Cuaresma.
La Cuaresma es un tiempo de preparación para celebrar el misterio principal de la vida de Jesucristo Nuestro Señor: Su Misterio Pascual- Su pasión, muerte y gloriosa resurrección. Este es un tiempo especial para encontrarnos con el Señor, morir al hombre viejo, y vivir el hombre nuevo por el Espíritu Santo. Este es tiempo para intensificar la oración, la lectura de la Palabra de Dios, el espíritu de penitencia en el reconocimiento de nuestros propios pecados y debilidades y en el arrepentimiento y conversión, cambiar nuestro modo de pensar, de sentir y de actuar, para conseguir "transformarnos en Cristo" y muriendo al pecado y todo lo que puede separarnos de Dios y resucitando a la nueva vida de Cristo resucitado.
La Cuaresma es el tiempo especialmente dedicado a los sacramentos del Bautismo, Penitencia y La Eucaristía. Pues si "en el Bautismo renacimos a una nueva vida" en la imagen y semejanza de Dios, el sacramento de la penitencia nos ofrece la oportunidad de recuperarla si la hemos perdido, si no la hemos vivido por este imagen y semejanza de Dios, Por eso la Cuaresma es un tiempo de renovación, y así preparamos a unirnos a Cristo resucitado en el sacramento pascual de la Santa Eucaristía!
La Iglesia es santa como proclamamos en el Credo. pero los miembros no somos santos. Necesitamos purificarnos, hacer penitencia, porque nos reconocemos pecadores. La Cuaresma es tiempo de penitencia y conversión; no significa que tengamos que renunciar a los valores humanos, sino que implica una lucha constante para conseguir un corazón nuevo. Es el tiempo de gracia más propicio, para que, en forma comunitaria, celebremos la misericordia y el perdón de Dios que se nos da tan generosamente. Es el tiempo para reconocer nuestros pecados ante de Dios, y ante nuestros hermanos. Así, la conversión que vamos adquiriendo se manifestará en frutos que se traducen en prácticas de misericordia, ayuno, limosna y oración.
La Cuaresma es un itinerario. El numero cuarenta significa nuestra realidad terrenal, pecadora. Cuarenta días duro el diluvio. Cuarenta años duro la peregrinación del pueblo de Dios por el desierto. Cuarenta días duro la predicación de Jonás a los Ninivitas. Cuarenta días ayunaron Moisés y Elías antes de llegar al monte Sinaí. Jesús ayuno cuarenta días. La Iglesia mantiene este tiempo de Cuaresma llamado tiempo fuerte, para que nos esforcemos en morir al pecado, nos empapemos de silencio, de soledad y de oración y así, poder llegar a la Pascua resucitados, renovados y nuevas personas.
En el desierto Jesús rezo por nosotros, ayuno por nosotros, hizo penitencia por nosotros, paso por las tentaciones del diablo por nosotros, las venció para ganar por nosotros la gracia y poder de vencerlas también, sufrió Su pasión por nosotros y el fin, tomo la responsabilidad por nosotros y por todos nuestros pecados llevándolos a la cruz donde se sacrifico y murió por nuestra redención y salvación. Que más puede hacer Jesús por nosotros y para mostrar Su gran amor?
En espíritu de arrepentimiento humilde y amor generoso comenzamos la Cuaresma: tomando responsabilidad por nosotros mismos y como hemos ofendido al Señor por nuestra falta de fe, esperanza y amor y también, imitando a Jesucristo, en nuestra responsabilidad por los demás en su falta de fe, esperanza y amor que necesitan la conversión y reconciliación. Obramos y procuramos, lo más que podemos, la salvación de los demás por medio de nuestras oraciones, penitencias, ayunos, sacrificios, buenas obras y ejemplo y obras de misericordia.
Entrar en el desierto es entrar, también, en el conocimiento de nosotros mismos, conocernos como Dios nos ha creado en Su imagen y semejanza. Como Dios conoce a Si Mismo: "Yo soy Quien soy," Yo puedo conocerme en las maneras que Dios me ha creado, en conociendo mi mismo, mis dones y talentos, mi poder de comunicarme, poner intenciones y metas y realizarlas, hacer visible el amor como Cristo hizo visible el amor de Su Padre, ser santo y consagrado como Dios es santo, y ser comunidad y comunión como Dios es Comunidad y Comunión de personas y con Él obrar para edificar la verdadera comunidad. Estos son maneras que somos creados en la imagen y semejanza de Dios y que Dios quiere que saquemos a luz por Su honor y gloria como hijos e hijas Suyos.
Nadie entra en este desierto - ni mucho menos sale - sin la ayuda del Espíritu Santo. Es el Espíritu Santo, dice el evangelio de hoy que empujo a Jesucristo al desierto. El mismo Espíritu Santo protegió a Él en el desierto. En el momento de Su bautismo en Rio Jordán, apareció el Espíritu Santo en forma de una paloma para guiar a Cristo en Su obra salvadora y mesiánica. En los momentos actuales en que atravesamos por una crisis - un desierto de sacrificio, sufrimiento y soledad - hay que acordarnos de la promesa de un final victorioso. Por el bautismo hemos sido destinados a un fin bueno y glorioso y hemos recibido el Espíritu Santo y la promesa de poder pasar por cualquier desierto de la vida. Como nos dicen las primeras lecturas, en los tiempos de Noé, el agua del diluvio significaba a la vez una destrucción y un nuevo comienzo. Fue una destrucción de lo malo y una creación nueva de un mundo mejor. Dios no nos aflige por el hecho de afligirnos sino para hacernos capaces y dignos de recibir más bendiciones y favores en nuestra vida.
Sera así para nosotros. Cada crisis se convertirá en un triunfo: de las cenizas saldrá una nueva vida. Esta es la responsabilidad que, como cristianos, aceptamos el día de nuestro bautismo.
La Palabra de Dios que escuchamos en cada Santa Misa, en particular en esta celebración de hoy, debe ser un recuerdo continuo de esta iniciativa amorosa de Dios hacia nosotros pobre pecadores. Que la Santa Misa y la Eucaristía nos recuerdan una vez más el amor inmenso que Jesús nos ha tenido y nos tiene al entregarse totalmente en alianza perfecta y eterna. "Tomad y bebed todos de él: este es el cáliz de Mi sangre, de la nueva alianza que será derramada por vosotros y por todos los hombres para el perdón de los pecados. Haced esto en memoria Mía" Que la Palabra y la Eucaristía sean alimento de nuestro diario caminar y en especial, durante esa Cuaresma.
Sunday, February 19, 2012
Septimo Domingo del Tiempo Ordinario, 19 frebrero 2012
(Is 43, 18-19, 21-22, 24b-25; 2Cor 1, 18-22; Mc 2, 1-12)
Con este Séptimo Domingo del Tiempo Ordinario cerramos la primera parte de los domingos ordinarios para abrirnos a un cambio litúrgico fuerte: el próximo miércoles comenzaremos la Cuaresma, es miércoles de ceniza. Y las lecturas de hoy nos van a ayudar a prepararnos para este cambio, desde lo más profundo de nuestro corazón.
Una vez más en el evangelio, el encuentro con Jesús produce sanación, física y espiritual para el enfermo que estaba postrada en una camilla. Llegan cuatro personas con una fe muy grande. Cargan con un amigo, paralítico. Luchan por todos los medios para llevarlo hasta Jesús. Tienen fe, luchan contra la adversidad, son creativos. Es el rostro simbólico de una comunidad cristiana que hace lo que haga falta para llegar hasta Jesús y encontrarse con Él. Aquel paralítico no sólo es un enfermo, sino que ha sido considerado como pecador por su enfermedad, según la mentalidad judía en este tiempo. Jesús ve la fe de aquellos hombres y la amistad profunda que sienten hacia el paralítico. La fe hará posible el milagro. Rompen el tejado de la casa de Pedro y descuelgan la camilla del paralítico con unas cuerdas, hasta que lo ponen delante de Jesús.
Las primeras palabras de Jesús son para liberarlo de su carga: “hijo, tus pecados quedan perdonados”. Jesús entra hasta lo más profundo de la persona y nos libra de la carga de nuestros pecados. Es la nueva creación de la que nos habla el profeta Isaías, en la primera lectura: “mirad que realizo algo nuevo, ya está brotando, ¿no lo notáis?”. El encuentro con Jesús nos transforma en hombres y mujeres nuevos, libres, capaces de andar al encuentro de los demás para compartir esta Buena Noticia, y también capaces de ir al encuentro de Dios nuestro Padre. Después del encuentro con Jesús, se sale caminando y perdonado. La Cuaresma que vamos a comenzar será un buen momento para encontrarnos con nuestro Señor a través del Sacramento de la Confesión y Reconciliación.
El santo padre Papa Benedicto nos ha dado un mensaje pastoral para la Cuaresma para ayudarnos en nuestros ejercicios cuaresmales de la oración, penitencia y obras de caridad y misericordia! Mirando a Jesucristo e imitando Su gran compasión hacia nosotros y Su caridad y amor personal para cada uno de nosotros, podemos avanzar en nuestro camino de la fe y amor de Dios durante este tiempo no solo como individuos sino también como una verdadera comunidad. Como los cuatro hombres luchando a llevar a su amigo a Cristo para que El lo cure de su enfermedad.
Dice el Papa, que debemos preocuparnos a los unos a los otros en el amor y las buenas obras. Esto quiere decir, ser responsables como Cristo es responsable por nosotros. Muchas veces tomamos una actitud de indiferencia hacia los demás en sus necesidades humanas y espirituales, poniendo nosotros mismos y nuestras necesidades y problemas primero ante todo, olvidando ni reconociendo las necesidades grandes de los demás. Dice el Papa: “Dios quiere que seamos guardianes de nuestros hermanos. El mandamiento del amor manda que reconozcamos que somos responsables a buscar y promover el bienestar integral a los demás deseando y obrando por lo mejor en lo humano, moral y espiritual por los unos a los otros, mostrando lo mejor que podamos la verdadera fraternidad, hermandad y comunión que Dios quiere ver y establecer entre nosotros como su pueblo. Preocuparnos por los demás significa reconocer sus verdaderas necesidades. Como Cristo curo al enfermo en el evangelio de hoy curando su alma y corazón y perdonando sus pecados antes de curar su cuerpo, nosotros también tenemos preocuparnos por la salvación de los demás, su destino eterno y su bien espiritual y como comunidad, llevar los enfermos a los pies de Cristo para que El los cure, para que El los perdone. No debemos cerrar nuestros corazones, dice el Papa Benedicto, a esas necesidades espirituales de los hermanos. Y si preocupación por el bienestar espiritual y eterno significa corrección fraternal, por el amor de Dios y por amor a nuestros hermanos tenemos aconsejarles y amonestarles a seguir al buen camino, no para condenar ni juzgarles, sino aconsejar y amonestarles en vista de su salvación. Porque como cristianos y hermanos, nosotros no podamos caer en silencio al frente de la maldad. Tenemos reconocerla y denunciarla, escoger lo bueno y rechazar lo malo en el cumplir de la voluntad de nuestro Padre como Cristo nos ha dado el ejemplo de ser verdadero hijos e hijas de Dios.
No somos santos ya, todavía somos humanos y pecadores y necesitamos la corrección fraternal – también los sacerdotes y curas necesitan la corrección fraternal por el amor y por el interese personal de sus hermanos en Cristo, no la condenación, ni el juicio, sino que buenos consejos y amonestaciones.
Esta es una obra espiritual de la misericordia: amonestar a los pecadores que tenemos ejercer entre nuestras propias familias, entre los miembros de la comunidad y la parroquia. Y esto es lo que nuestro santo Padre el Papa Benedicto estar compartiendo con nosotros y ensenando a todos los miembros de la Iglesia en esta Cuaresma para formar parte de nuestro programa cuaresmal de este ano.
Pedimos la gracia del Señor y el auxilio de la Virgen María, Madre de la Iglesia y Madre de Misericordia, para realizar este gran designo de paz y reconciliación entre nosotros y todos los miembros de la Familia de Dios.
Con este Séptimo Domingo del Tiempo Ordinario cerramos la primera parte de los domingos ordinarios para abrirnos a un cambio litúrgico fuerte: el próximo miércoles comenzaremos la Cuaresma, es miércoles de ceniza. Y las lecturas de hoy nos van a ayudar a prepararnos para este cambio, desde lo más profundo de nuestro corazón.
Una vez más en el evangelio, el encuentro con Jesús produce sanación, física y espiritual para el enfermo que estaba postrada en una camilla. Llegan cuatro personas con una fe muy grande. Cargan con un amigo, paralítico. Luchan por todos los medios para llevarlo hasta Jesús. Tienen fe, luchan contra la adversidad, son creativos. Es el rostro simbólico de una comunidad cristiana que hace lo que haga falta para llegar hasta Jesús y encontrarse con Él. Aquel paralítico no sólo es un enfermo, sino que ha sido considerado como pecador por su enfermedad, según la mentalidad judía en este tiempo. Jesús ve la fe de aquellos hombres y la amistad profunda que sienten hacia el paralítico. La fe hará posible el milagro. Rompen el tejado de la casa de Pedro y descuelgan la camilla del paralítico con unas cuerdas, hasta que lo ponen delante de Jesús.
Las primeras palabras de Jesús son para liberarlo de su carga: “hijo, tus pecados quedan perdonados”. Jesús entra hasta lo más profundo de la persona y nos libra de la carga de nuestros pecados. Es la nueva creación de la que nos habla el profeta Isaías, en la primera lectura: “mirad que realizo algo nuevo, ya está brotando, ¿no lo notáis?”. El encuentro con Jesús nos transforma en hombres y mujeres nuevos, libres, capaces de andar al encuentro de los demás para compartir esta Buena Noticia, y también capaces de ir al encuentro de Dios nuestro Padre. Después del encuentro con Jesús, se sale caminando y perdonado. La Cuaresma que vamos a comenzar será un buen momento para encontrarnos con nuestro Señor a través del Sacramento de la Confesión y Reconciliación.
El santo padre Papa Benedicto nos ha dado un mensaje pastoral para la Cuaresma para ayudarnos en nuestros ejercicios cuaresmales de la oración, penitencia y obras de caridad y misericordia! Mirando a Jesucristo e imitando Su gran compasión hacia nosotros y Su caridad y amor personal para cada uno de nosotros, podemos avanzar en nuestro camino de la fe y amor de Dios durante este tiempo no solo como individuos sino también como una verdadera comunidad. Como los cuatro hombres luchando a llevar a su amigo a Cristo para que El lo cure de su enfermedad.
Dice el Papa, que debemos preocuparnos a los unos a los otros en el amor y las buenas obras. Esto quiere decir, ser responsables como Cristo es responsable por nosotros. Muchas veces tomamos una actitud de indiferencia hacia los demás en sus necesidades humanas y espirituales, poniendo nosotros mismos y nuestras necesidades y problemas primero ante todo, olvidando ni reconociendo las necesidades grandes de los demás. Dice el Papa: “Dios quiere que seamos guardianes de nuestros hermanos. El mandamiento del amor manda que reconozcamos que somos responsables a buscar y promover el bienestar integral a los demás deseando y obrando por lo mejor en lo humano, moral y espiritual por los unos a los otros, mostrando lo mejor que podamos la verdadera fraternidad, hermandad y comunión que Dios quiere ver y establecer entre nosotros como su pueblo. Preocuparnos por los demás significa reconocer sus verdaderas necesidades. Como Cristo curo al enfermo en el evangelio de hoy curando su alma y corazón y perdonando sus pecados antes de curar su cuerpo, nosotros también tenemos preocuparnos por la salvación de los demás, su destino eterno y su bien espiritual y como comunidad, llevar los enfermos a los pies de Cristo para que El los cure, para que El los perdone. No debemos cerrar nuestros corazones, dice el Papa Benedicto, a esas necesidades espirituales de los hermanos. Y si preocupación por el bienestar espiritual y eterno significa corrección fraternal, por el amor de Dios y por amor a nuestros hermanos tenemos aconsejarles y amonestarles a seguir al buen camino, no para condenar ni juzgarles, sino aconsejar y amonestarles en vista de su salvación. Porque como cristianos y hermanos, nosotros no podamos caer en silencio al frente de la maldad. Tenemos reconocerla y denunciarla, escoger lo bueno y rechazar lo malo en el cumplir de la voluntad de nuestro Padre como Cristo nos ha dado el ejemplo de ser verdadero hijos e hijas de Dios.
No somos santos ya, todavía somos humanos y pecadores y necesitamos la corrección fraternal – también los sacerdotes y curas necesitan la corrección fraternal por el amor y por el interese personal de sus hermanos en Cristo, no la condenación, ni el juicio, sino que buenos consejos y amonestaciones.
Esta es una obra espiritual de la misericordia: amonestar a los pecadores que tenemos ejercer entre nuestras propias familias, entre los miembros de la comunidad y la parroquia. Y esto es lo que nuestro santo Padre el Papa Benedicto estar compartiendo con nosotros y ensenando a todos los miembros de la Iglesia en esta Cuaresma para formar parte de nuestro programa cuaresmal de este ano.
Pedimos la gracia del Señor y el auxilio de la Virgen María, Madre de la Iglesia y Madre de Misericordia, para realizar este gran designo de paz y reconciliación entre nosotros y todos los miembros de la Familia de Dios.
Sunday, February 12, 2012
Sexto Domingo del Tiempo Ordinario, 12 febrero 2012
(Lev 13, 1-2, 44-46; 1Cor 10,31-11,1; Mc 1, 40-45)
Jesús cura como el domingo pasado, a un enfermo. La Ley mosaico declaraba que la lepra era una impureza religiosa. El leproso era marginado de la vida comunitaria y social por ser considerado impuro y pecador (1ª lect.). Jesús toca al enfermo contra todas las prescripciones de la ley, se interesa por él y lo cura de su enfermedad. Lo rescata le la marginación social y lo integra a la vida comunitaria del pueblo (Ev). El Apóstol, San Pablo, proclama que ha intentado siempre buscar no el propio bien, sino el de los demás, para salvar a todos (2ª lect.).
Quizás muchas veces alguien ha venido a nosotros en busca de ayuda. Y nos hemos sentido muy contentos si hemos tenido la oportunidad de hacer el bien. Otras veces hemos sido nosotros quienes hemos ido en busca de amigos que nos ayuden en nuestros problemas, en nuestras preocupaciones. Y hemos sentido la mano amiga de alguien que nos ha ayudado. En una ocasión, un necesitado, un leproso fue en busca de un hombre importante. Ese hombre era Jesús. El leproso, lleno de fe y confianza y con la seguridad de que Cristo era algo más que un hombre y de que le podía ayudar, le dijo: "Si quieres, puedes limpiarme." Y Cristo que era hombre y Dios verdadero, vio su fe y le limpio. Cristo hizo ese milagro, lleno de compasión, misericordia y amor para el enfermo. Como hemos visto la semana pasada - esta interés personal de Cristo en curando todos los que acudían a Él, y en el Evangelio de hoy, tocando el leproso y curándolo de su enfermedad, impulsado por la misma, compasión, misericordia y amor y viendo su fe.
Dios quiere realizar las mismas obras maravillosas hoy en nuestras vidas, curando los enfermos, perdonando los pecados, echando fuera a los demonios, sanando las heridas y enfermedades físicas, morales, espirituales y sicológicas. Pero necesitamos la fe y confianza en Su gran compasión, misericordia y amor por cada uno de nosotros, no miedo que va a caer algo mas mal, por lo ejemplo, si llamamos el cura para que diera la bendición de los enfermos, que todavía piensan algunos. Pero fe y confianza que nuestro Dios es un Dios sanador, un Dios misericordioso y bondadoso, que nos ama y nos levanta, nos cuida en todas nuestras necesidades.
Por los que creen, la Santa Misa es una Misa de sanación. En cada Misa, Dios nos toca con Su divina Palabra y nos toca en la Santa Comunión por Su divina presencia en la Eucaristía, sanándonos y uniéndonos en Su nueva vida, gozo, alegría y paz.
Y cuantas veces nosotros siguiendo las huellas de nuestro Salvador, si no realizamos milagros físicos de curar enfermedades, podremos tender nuestra mano amiga a quien necesite de nuestra ayuda, de nuestro apoyo moral, de un consejo. En la vida hay muchas circunstancias y ocasiones de convivencia. Y la convivencia es para enriqecernos mutuamente, para dar y recibir, dar todo lo bueno que tenemos como seres humanos, como católicos. Y tratar de aprovecharnos de todo lo bueno que nos brindan los demás y que nos puede ayudar a ser felices a la vez que extendemos la felicidad, el amor y la comprensión en el mundo.
Uno de los directivos del Señor Obispo en su pastoral sobre la misión de los Laicos y la importancia de apreciar y vivir su vocación, es construir una verdadera comunidad cristiana, un lugar de convivencia, no solamente de ritos, ceremonias y procesiones, en nuestras parroquias, sino donde todos participan y utilizan sus dones y talentos para el mejor bien de los demás y de su parroquia y de los unos a los otros, por el honor y gloria del Dios y para extender Su reino.
Porque muchos viven hoy aislados de la comunidad, aislados de la Iglesia. Viven “con mando a distancia” permanentemente. No se mezclan con la comunidad, no bajan a la arena o a la calle para conocer las necesidades reales. Solamente desde lejos “con mando a distancia” dan sus soluciones. En el fondo es que no se quieren contaminar. Jesús no tiene en su mano el “mando de distancia”, lo podía tener, pero el toca la realidad, sobre todo, la realidad herida. Jesús toca leprosos, sordos, difuntos, ciegos y es tocado por otros, porque sale de Él un poder salvífico. Tocar indica la total cercanía. Desde allí es donde se puede hacer la oferta del Reino. El ejemplo de Jesús invita a que también nosotros siguiendo en sus huellas, extendamos nuestra mano con cariño y con amor a los demás en sus necesidades verdaderas, humanas y temporales, espirituales y eternas, demostrando la misma compasión y amor, la misma interés personal, que Dios manifiesta con nosotros Sus hijos y fieles servidores y demostrando también que somos católicos practicantes que saben lo que es comprometerse con Dios y con Jesucristo el Señor.
Recordamos también en este fin de semana la jornada mundial del enfermo – un día especial para recordar las necesidades de los enfermos, rezar por salud y bienestar, mejorar nuestra atención y ministerio hacia ellos, apreciar su gran obra de ofrecer sus sufrimientos unidos a lo de Cristo para la salvación de los demás, la conversión de los pecadores, la reconciliación en las familias y por su propia santificación. Recordamos y celebramos Nuestra Señora de Lourdes y los milagros de curación física y espiritual por la intercesión maternal de la Virgen María que manifiesta la misma compasión, misericordia, amor y atención personal de su Hijo Jesucristo a los enfermos y los más débiles. Nos da un ejemplo vivo y un modelo para seguir en nuestra propia atención a los enfermos y a los más necesitados.
Jesús cura como el domingo pasado, a un enfermo. La Ley mosaico declaraba que la lepra era una impureza religiosa. El leproso era marginado de la vida comunitaria y social por ser considerado impuro y pecador (1ª lect.). Jesús toca al enfermo contra todas las prescripciones de la ley, se interesa por él y lo cura de su enfermedad. Lo rescata le la marginación social y lo integra a la vida comunitaria del pueblo (Ev). El Apóstol, San Pablo, proclama que ha intentado siempre buscar no el propio bien, sino el de los demás, para salvar a todos (2ª lect.).
Quizás muchas veces alguien ha venido a nosotros en busca de ayuda. Y nos hemos sentido muy contentos si hemos tenido la oportunidad de hacer el bien. Otras veces hemos sido nosotros quienes hemos ido en busca de amigos que nos ayuden en nuestros problemas, en nuestras preocupaciones. Y hemos sentido la mano amiga de alguien que nos ha ayudado. En una ocasión, un necesitado, un leproso fue en busca de un hombre importante. Ese hombre era Jesús. El leproso, lleno de fe y confianza y con la seguridad de que Cristo era algo más que un hombre y de que le podía ayudar, le dijo: "Si quieres, puedes limpiarme." Y Cristo que era hombre y Dios verdadero, vio su fe y le limpio. Cristo hizo ese milagro, lleno de compasión, misericordia y amor para el enfermo. Como hemos visto la semana pasada - esta interés personal de Cristo en curando todos los que acudían a Él, y en el Evangelio de hoy, tocando el leproso y curándolo de su enfermedad, impulsado por la misma, compasión, misericordia y amor y viendo su fe.
Dios quiere realizar las mismas obras maravillosas hoy en nuestras vidas, curando los enfermos, perdonando los pecados, echando fuera a los demonios, sanando las heridas y enfermedades físicas, morales, espirituales y sicológicas. Pero necesitamos la fe y confianza en Su gran compasión, misericordia y amor por cada uno de nosotros, no miedo que va a caer algo mas mal, por lo ejemplo, si llamamos el cura para que diera la bendición de los enfermos, que todavía piensan algunos. Pero fe y confianza que nuestro Dios es un Dios sanador, un Dios misericordioso y bondadoso, que nos ama y nos levanta, nos cuida en todas nuestras necesidades.
Por los que creen, la Santa Misa es una Misa de sanación. En cada Misa, Dios nos toca con Su divina Palabra y nos toca en la Santa Comunión por Su divina presencia en la Eucaristía, sanándonos y uniéndonos en Su nueva vida, gozo, alegría y paz.
Y cuantas veces nosotros siguiendo las huellas de nuestro Salvador, si no realizamos milagros físicos de curar enfermedades, podremos tender nuestra mano amiga a quien necesite de nuestra ayuda, de nuestro apoyo moral, de un consejo. En la vida hay muchas circunstancias y ocasiones de convivencia. Y la convivencia es para enriqecernos mutuamente, para dar y recibir, dar todo lo bueno que tenemos como seres humanos, como católicos. Y tratar de aprovecharnos de todo lo bueno que nos brindan los demás y que nos puede ayudar a ser felices a la vez que extendemos la felicidad, el amor y la comprensión en el mundo.
Uno de los directivos del Señor Obispo en su pastoral sobre la misión de los Laicos y la importancia de apreciar y vivir su vocación, es construir una verdadera comunidad cristiana, un lugar de convivencia, no solamente de ritos, ceremonias y procesiones, en nuestras parroquias, sino donde todos participan y utilizan sus dones y talentos para el mejor bien de los demás y de su parroquia y de los unos a los otros, por el honor y gloria del Dios y para extender Su reino.
Porque muchos viven hoy aislados de la comunidad, aislados de la Iglesia. Viven “con mando a distancia” permanentemente. No se mezclan con la comunidad, no bajan a la arena o a la calle para conocer las necesidades reales. Solamente desde lejos “con mando a distancia” dan sus soluciones. En el fondo es que no se quieren contaminar. Jesús no tiene en su mano el “mando de distancia”, lo podía tener, pero el toca la realidad, sobre todo, la realidad herida. Jesús toca leprosos, sordos, difuntos, ciegos y es tocado por otros, porque sale de Él un poder salvífico. Tocar indica la total cercanía. Desde allí es donde se puede hacer la oferta del Reino. El ejemplo de Jesús invita a que también nosotros siguiendo en sus huellas, extendamos nuestra mano con cariño y con amor a los demás en sus necesidades verdaderas, humanas y temporales, espirituales y eternas, demostrando la misma compasión y amor, la misma interés personal, que Dios manifiesta con nosotros Sus hijos y fieles servidores y demostrando también que somos católicos practicantes que saben lo que es comprometerse con Dios y con Jesucristo el Señor.
Recordamos también en este fin de semana la jornada mundial del enfermo – un día especial para recordar las necesidades de los enfermos, rezar por salud y bienestar, mejorar nuestra atención y ministerio hacia ellos, apreciar su gran obra de ofrecer sus sufrimientos unidos a lo de Cristo para la salvación de los demás, la conversión de los pecadores, la reconciliación en las familias y por su propia santificación. Recordamos y celebramos Nuestra Señora de Lourdes y los milagros de curación física y espiritual por la intercesión maternal de la Virgen María que manifiesta la misma compasión, misericordia, amor y atención personal de su Hijo Jesucristo a los enfermos y los más débiles. Nos da un ejemplo vivo y un modelo para seguir en nuestra propia atención a los enfermos y a los más necesitados.
Subscribe to:
Posts (Atom)